El conglomerado MIUCA-Acción por el Cambio, compuesto por los partidos PCT-MIUCA, FR, MPD, ha tomado un camino que les aleja cada día de la visión de izquierda que hasta hace poco profesaban. En este proceso han desplazado sus discursos para acomodarlo con posturas de centro-derecha potables a Vargas Maldonado y al resto de la cúpula perredeísta.
Cada día son mas las voces que se suman a los que desde un principio advirtieron de los peligros de tal maniobra.
Quieran admitirlo o no sus dirigentes, todos los partidos de la izquierda dominicana están en crisis y la actual coyuntura solo ha servido para magnificarla. La formulación de alianzas con los partidos del sistema es sin lugar a dudas fruto de una aguda desorientación ideológica, y organizativa.
No nos puede asombrar que los partidos agrupados en MIUCA-Acción por el Cambio no tengan la atención, ni la confianza de los sectores populares, entendiendo que la izquierda de hoy no ejerce ninguna influencia en la vida política nacional. Nadie la toma en cuenta, y la política de alianzas de ese sector con la derecha no hace sino empeorar su maltrecha imagen, alejándola más de los corazones de la gente que les aprecia y les respeta por su papel histórico.
Perplejos hemos visto como los candidatos de dicha tolda, que van en la boleta del PRD, elevan un discurso que intenta borrar la trayectoria histórica de los movimientos progresistas de los últimos 45 años. Vemos con pena como intentan negar su propio pasado revolucionario. En tosco discurso, pronunciado en San Cristóbal el día 9 de abril, el Dr. Palacios dice “desde el 1965 hasta hoy, no se había dado una coalición de izquierda por rescatar la nación.”
Con esta aseveración, el líder de Fuerza de la Revolución y candidato a diputado en la boleta del PRD, intenta borrar con cal todas las alianzas que los distintos movimientos de izquierda han hecho en aras de una sociedad justa; las luchas histórica de los grupos estudiantiles y gremiales, etc. El candidato ha ignorado deliberadamente incluso el origen de su partido Fuerza de la Revolución, que surge en febrero de 1996 de la fusión de cuatro partidos y dos movimientos políticos.
Lo penoso es que mientras estos grupos, que en el pasado supieron ponerse a la altura del momento histórico, al lado de los mejores intereses de su pueblo, hoy se encaminan presurosos hacia la hecatombe política, en contravía de las corrientes progresistas en América Latina.
Pero sepa el pueblo dominicano, que aspira a vivir bajo la cobija de una democracia integral y una sociedad justa, que el actual momento es un tamiz que ha de decantar a sus mejores servidores. Estos son momentos definitorios. La izquierda dominicana ha llegado a una bifurcación ideológica que podría, de ser manejada con prudencia, una gran oportunidad de revitalizar a ese sector. De la actual situación política ha de nacer una nueva izquierda que rompa definitivamente con las políticas de alianzas con los partidos del sistema y se inserte a construir una visión de país alternativa.
La crisis de izquierda partidaria dominicana representa una gran una oportunidad para que nos liberemos de cargas ideológicas, sin despreciar las formidables contribuciones e intuiciones de la tradición marxista. Esta realidad es propicia para recomponer a toda la izquierda. Ella nos invita a replantearnos nuevas maneras de hacer política, a que busquemos un accionar que sitúe en el centro de su actividad a las personas; que priorice la participación y movilización ciudadana más allá de la simple demanda reivindicativa, o la consigna hueca.
Nuestro pueblo merece, todos nos merecemos, un movimiento que aglutine a todas las personas comprometidas con las luchas sociales, a la gente joven, los marginados y excluidos, a los mayores que aun no han perdido las esperanzas y sueñan con ver su patria respetada, independiente y democrática.