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La lucha planteada entre la juventud rebelde y la claque trujillista que se mantenía en pie de guerra con todos los recursos aun disponibles, estaba lejos de terminar, no había cuartel ni marcha atrás, con la ventaja para los primeros de que éstos gozaban de una creciente simpatía con adhesiones numerosas, mientras que los otros, aun con el aval socio-politico-militar que les fue garantizado por casi 31 años perdían un terreno al que defendían a capa y espada.
Por lo menos en San Juan de la Maguana los trujillistas se valieron de mil y una formas para combatir. Una de ellas fue la formación con la evidente bendición de las Fuerzas Armadas, la Policia Nacional y los beneficiarios civiles directos e indirectos del régimen del FRENTE PATRIOTICO ANTI COMUNISTA (FREPAC). El Frepac fue una combinación explosiva de trujillistas y anticomunistas rabiosos y fanatizados, los reclutaron y los armaron con revólveres marca Enriquillo y una muy generosa provisión de balas y les dijeron que: "Si los comunistas del 14 de junio llegaban al poder iban a hacer lo mismo que los barbudos de Fidel, fusilar mucha gente y apropiarse de la propiedad privada...".
Las arengas eran realizadas en las reuniones que se efectuaban en la fortaleza local y en algunas casas de familia, al salir de ellas esos "patriotas de nuevo cuño" estaban convencidos de que evitar el avance del 1J4 y otros grupos revolucionarios era un deber para con la patria, hoy más de cuatro décadas después esos ingenuos se dieron cuenta de que no eran más que carne de cañón, tontos útiles de una causa perdida, porque si bien la agrupación política 14 de Junio no llegó al poder, la semilla que sembró germinó en tierra fértil y eso, aunque a la reacción le duela, es un triunfo político.
Los muchachos del Frepac se disgregaron, aunque algunos de ellos que todavía viven, creen que la Patria les debe un favor. Curiosamente, la mayoría de esos muchachos salieron de las filas del Partido Revolucionario Social Cristiano (Social Pistola lo bautizó el pueblo).
Con los remanentes trujillistas acosándolos y acusándolos se producen las detenciones de un grupo de ellos encabezados por el Dr. José Oscar Viñas Bonelly, se conoce por testimonios de gente que está allí del agrio encuentro que tuvo el Dr. Viñas con el mayor Neit Nivar Seijas y que posiblemente de ese encuentro, para nada cordial, haya salido la orden de asesinarlo cuando este estuviera en el programa político que se difundía por Radio San Juan.
Neit Rafael Nivar Seijas era un asesino patológico, pero no era un estúpido, por algo se mantuvo tanto tiempo al lado de Joaquín Balaguer, él sabía que para asesinar a un hombre de la categoría social y política del Dr. Viñas Bonelly tenía que contar no sólo con el sicario, sino también con la complicidad de importantes estamentos sanjuaneros (véase el primer articulo de esta serie).
Había que pagarle muy bien al hombre que iba a matar a Viñas, no eran mil miserables pesos como luego confesaría el sicario, era suficiente dinero como para retirarse holgadamente, comprarse una tierrita en el Cibao, de donde era oriundo, algunas vaquitas y morir tranquilamente cuando Dios lo dispusiera exactamente igual a como murió en su momento el General José María Alcántara, el asesino del Sisal de Azua, en su cama, en paz con Dios y después de haber recibido la extrema unción y los Santos Oleos de parte de algún sacerdote católico generosamente remunerado.
Así estaban las cosas cuando desde el programa radial que difundía Radio San Juan y en el cual el Dr. José Oscar Viñas Bonelly educaba políticamente al pueblo, denunciaba responsablemente los desmanes del trujillismo decadente y trazaba las pautas a seguir, los sectores denunciados se sintieron en el deber de callar esa voz vibrante y valiente.
El plan era simple, descargar una lluvia de balas sobre su cuerpo en momentos que transmitía su programa, salir lo más rápido posible de la escena del crimen y abordar un carro que lo sacara de San Juan. Su destino inmediato pudo haber sido Azua, la ciudad más cercana a San Juan, en ruta hacia la capital, de ser así hubo una comunicación entre las fortalezas de San Juan y Azua o las de los demás pueblos que nos separan de la capital, obviamente si la huida se hubiera planificado para Las Matas de Farfán, o Elías Piña hubiera sido mejor quedarse en la fortaleza José María Cabral, sede de la tercera brigada del Ejército, donde tendría la más amplia protección, pero parece que dada la gravedad y la repercusión del crimen, la presencia del sicario Alegría iba a constituir un elemento perturbador de imprevisibles consecuencias.
Ultimados los detalles del asesinato, perpetrado el 3 de enero del 1962, 17 días antes de celebrar su 49 cumpleaños, el licenciado José Alfredo Achécar recibía en su cuerpo una lluvia de plomo, aunque el recipiente original del mismo era José Oscar Viñas Bonelly que esa noche y por natural precaución no había asistido a la emisora, sino que había grabado el programa. El crimen consternó a San Juan y a todo el país, fue un crimen de Estado, un asesinato vil y alevoso, planeado minuciosamente por militares, policías y civiles sanjuaneros, quizás nunca se lleguen a conocer los detalles de la urdimbre cívico militar envuelta en esa abominable conspiración.
El sicario, tras asegurarse de que la víctima ya no vivía, se marcho al amparo de las sombras llegando a la estación de expendio de gasolina de Don Hernán Cuello, allí encañonó con el arma homicida al chofer Jesús Montero (Chon) obligándolo a tomar la carretera San Juan-Santo Domingo a toda velocidad, durante todo el camino el chofer Montero tuvo en la nuca el cañón, aun caliente de la Carabina Cristóbal conque minutos antes había sido asesinado José Alfredo Achécar.
Hay dos versiones de como Jesús Montero se deshizo del asesino, una es que al tomar una curva pronunciada, el conductor realizó una maniobra violenta haciendo que el arma se cayera de las manos del sicario, situación que Montero aprovechó para agarrarlo por los testículos, dominarlo, desarmarlo y amarrarlo entregándolo en la fortaleza de Azua. La otra versión dice que el conductor Montero detuvo el carro fingiendo una avería y cuando ambos se apearon a chequear, le fue encima al asesino asiéndolo fuertemente por los testículos, amarrándolo y entregándolo en Azua.
¿Qué pasó con el sicario Alegría entre 1962 y 1965? Siguió cometiendo crímenes por encargo de Neit Rafael Nivar Seijas? ¿Se retiró a su finquita Cibaeña a disfrutar de la jugosa recompensa que le entregaron los autores intelectuales sanjuaneros por el crimen? No se sabe, lo que sí se sabe es que durante la Guerra Patria de Abril del 1965, miembros del comando armado de San Juan de la Maguana lo descubrieron espiando por los alrededores del mismo, lo atraparon y lo llevaron a la presencia del Dr. José Oscar Viñas Bonelly siendo interrogado y posteriormente entregado al comando del 14 de Junio, allí a ciencia cierta no se sabe si fue juzgado y cual fue la acusación: espionaje o intento de asesinato, lo cierto es que enterado el alto mando del comando catorcista del historial del sicario, alguien dijo estas palabras: "Mándenlo a hacer un cursillo a México ", la sentencia estaba dada y el tiempo del sicario contado , pocos minutos después se supo que a Alegría se le había esfumado el apellido del rostro...
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