(Un relato breve)
A César Lapaix y a Plinio Mercedes
Para suceder al general Fenelón Ramírez se necesitaron dos generales: en el ejército, al general Juan Osorio, y en la policía al general Cirilo Garabito. Al general Juan Osorio le decían Pelota, porque para él la vida no era otra cosa que un partido de béisbol, aunque hay que decir que con el tiempo adquiriría otras aficiones; la menos conocida era su amor por la lectura, en especial de la obra El Principe de Nicolás Maquiavelo, la tenía siempre debajo de la almohada, junto a una biografía de su inspirador político José Fouche; otra de sus aficiones era la cacería: con Miguel Marranzini se dedicó a la caza de aves y con Horacio Navarro a cazar ratones en el patio de su casa, cada uno sentado en una mecedora, con un rifle de perdigones en la mano derecha y una botella de ron en la izquierda. A la vista del ratón, se alternaban para disparar. El juego consistía en disparar sin apuntar. Políticamente se cuidaba mucho de no aparentar su condición de oligarca y reaccionario, aunque nunca hizo esfuerzo por ocultar su orientación conservadora. Su concepción de la democracia para las clases populares estaba limitada al ámbito deportivo y cultural. En el ámbito político el instinto le indicaba que su poder dimanaba del ejercicio del autoritarismo. Pero no lo ejercía él directamente, ese ámbito era propio del general Garabito, más conocido como Ujum. Le decían así porque era monosílabo en el hablar, ya que para todo tenía por respuesta dicho vocablo. El término tenía dos acepciones, sí lo hacía en forma irónica, guturalmente, con la garganta, era su forma de decir que no. Lo opuesto lo manifestaba con lo labios entre abiertos, afirmando ligeramente con la cabeza, como si a cada momento, quisiera recordar la frase aquella colocada a la entrada del destacamento: El pez muere por la boca. La otra inclinación del general Juan Osorio eran las mujeres, cuando veía una que le atraía, sacaba el peine y se peinaba el bigote. Pero su afición por las mujeres era muy particular, tenía preferencia por las putas. Por eso nunca se había casado, aunque guardaba como el mejor de sus secretos el amor que había sentido por una mujer: Beatriz Paredes, una joven azuana que el general Fenelón Ramírez convirtió en su amante. Su concepto sobre las relaciones de pareja lo expresaba en una tesis que siempre manifestaba con aire doctoral: ”El hombre resuelve sus problemas agarrando el toro por los cuernos; la mujer resuelve sus problemas pegándoles los cuernos al toro”, así solía decir. Por eso cuando una comisión de damas de la iglesia vino a pedirle que adoptara medidas enérgicas contra los prostíbulos, él, personalmente, fue a visitar a Goyito, dueño de todos ellos y le dio un plazo de sesenta días para que los sacara del entorno de la ciudad, y los pusiera en la periferia, donde estaban los pobres, porque allí no molestaban, y hasta él mismo podía visitarlos sin ofender a las damas de primera. Naturalmente, el plazo fue prorrogado en varias ocasiones, aunque fatalmente la orden se cumplió. Por esa época se produjeron grandes cambios en el gobierno, primero con la muerte del general Fenelón Ramírez en Valle Grande, asesinado por el hijo de Carmen Urrutia, y después con el asesinato del dictador generalísimo Chapita Trujillo. Con la muerte de Trujillo, el general Juan Osorio sabía que se iniciaba un período de inestabilidad que él presagiaba difícil. Lo había advertido cuando en un partido amistoso de béisbol en el que participaba una selección de peloteros de Valle Grande y otra de Barahona, Popo, el hijo de Guiguita haciendo de maestro de ceremonia y de comentarista deportivo, dijo al efecto de haber penetrado una burra al terreno de juego, que la prestante dama que hacia su presencia inesperada era la esposa del general Cirilo Garabito. Los asistentes al acto, le premiaron la ocurrencia con una ovación de pié y un aplauso estremecedor. A popo lo mataron a los pocos días, para ser preciso, a los siete días de derrocado el gobierno constitucional. Su muerte fue un escarmiento de la autoridad contra aquellos que se atreven a cruzar la raya. Lo asesinaron los sicarios Ovidio y el Mello, mientras ponía carteles contra el régimen de facto. Verdaderamente las preocupaciones del general Juan Osorio estaban justificadas, se gestaba un levantamiento armado en caso que el gobierno constitucional fuera derrocado por los militares, y el golpe militar ya se había producido. De ahí la muerte de Popo. Los “cívicos” habían tomado el poder y los cívicos representaban al sector ultra conservador de la sociedad, que venía a adueñarse de las empresas del estado, y de sus grandes emporios agrícolas, a enriquecerse con el proteccionismo a sus industrias y a convertirse en dueños y señores de la actividad comercial controlando las importaciones y las exportaciones. En ese ambiente el general Juan Osorio veía peligrar su estatus, amenazado por oficiales de carrera, hijos de los ricos, graduados en academias norteamericanas y que contaban con el beneplácito de éstos. El general Juan Osorio se consideraba como un ferviente nacionalista, pero su nacionalismo era generalmente referencial y a veces anecdótico, manifestación trasnochada de antihaitianismo expresada en forma conmemorativa en cada fiesta patria. También se consideraba un paladín de la libertad, con las limitaciones de quien tiene la libertad como un enunciado solo para el disfrute de las clases superiores y no de la sociedad, que estaba condenada a no manifestar el disentimiento. Sus consideraciones sobre la democracia eran las mismas que tenía el general Fenelón Ramírez, no entendía porque si había un gobierno tenía que haber oposición y el término igualdad, le resultaba peligroso y subversivo: los pobres no habían nacido para ser iguales a los ricos. Aunque ahora, con la ascensión de los cívicos al gobierno, muchas de sus creencias se encontraban en conflicto, pero no por efecto de conciencia, sino como se ha dicho, por puro instinto. Cuando el general Fenelón Ramírez estaba vivo, era jefe del ejército, jefe de la policía y gobernador provincial de Valle Grande. Algunos llegaron a insinuar que era también el verdadero jefe de la iglesia y que era él quien en ésta nombraba el diácono y a los monaguillos. Pero ahora el presidente de la República visitaba Valle Grande acompañado del embajador americano, venían a posesionar un gobernador provincial por aquello de la separación de poderes. El cura ofició un Tedeum, y todo ello, todo, sin que al general Juan Osorio se le informara nada. Nada, nadita de nada. Lo llamaron cuando iban a su cuartel a informarle que a su hijo el coronel Esteban Osorio lo habían trasladado para Santiago, y que el nuevo coronel, coronel de academia, sería su sucesor cuando a él lo pusieran en retiro, lo que podía suceder en cualquier momento. El alzamiento se produjo un sábado, a las dos de la tarde. El grupo se reunió en la finca que tenía Niño Oviedo en Mogollón y desde allí cogió las lomas. Unos afirman que el cabecilla militar era Fernando Oviedo; otros, que Hungría el Sastre. El comisario político era Ernesto, el hijo de Goyito. Ninguno tenía verdadera experiencia militar; subieron a las lomas con tenis y mocasines, y ni siquiera llevaban mochilas ni cantimploras. Eran trece y el parque total no superaba las mil doscientas balas, apenas tenían unos cuantos fusiles y una sola ametralladora; no tenían pistolas ni revólveres, y solo contaban con algunas granadas fragmentarias. El general Juan Osorio estaba bien informado de esto. Sabía las repercusiones, las consecuencias que les ocasionarías ir tras estos jóvenes inexpertos. Pero el general Juan Osorio también era un hombre experimentado, con sentido de la oportunidad. Por eso dispuso que el nuevo coronel. El coronel de academia, fuera con un contingente de soldados en dos camiones, con la orden expresa de capturarlos vivos, si era posible. Al salir los camiones el general Juan Osorio se fue a la emisora local para solicitarle públicamente a los alzados, mediante una alocución, su rendición inmediata e incondicional, para evitar un baño de sangre. Como garantía le pidió al cura su inmediato traslado al lugar, para que conversara con los guerrilleros. El cura no tuvo que cumplir su misión, la guerrilla se disolvió al fracasar el asalto al destacamento de la Maguana. Fernando Oviedo, tratando de asaltarlo por sorpresa se enfrascó en una pelea cuerpo a cuerpo con uno de los soldados; el otro soldado se puso a disparar como un loco, la guerrilla se retiró en forma desordenada, abandonando algunos de ellos las armas, y cuando de los cinco que quedaban uno de ellos enfermó de una muela, los demás optaron por disolver el frente guerrillero, y reincorporarse clandestinamente a la ciudad. En esos confusos acontecimientos tan solo hubo dos víctimas: el nuevo coronel del ejército asesinado por un disparo misterioso, cuya procedencia nunca se ha podido establecer, pero que siempre se le ha achacado a la guerrilla y el nuevo gobernador provincial, muerto por un recluso escapado de la cárcel, cuyo paradero jamás se ha podido establecer. El general Juan Osorio estaba alegre, cabalmente satisfecho de su desempeño. Había logrado el retorno de su hijo a Valle Grande, con el tiempo él sería su sucesor. Ya todo el mundo se había olvidado de la muerte del gobernador y del coronel. Los rumores se acallaban y la población estaba en paz. La tarde del sábado, después de la siesta se fue a la casa curial a jugar dominó con el general Garabito, el cura y el diácono. Sabía que el cura hacía trampa, porque tenía las fichas marcadas. Pero el buen vino italiano que éste les brindaba, hacía que valiera la pena pasarlo por alto y dejarlo ganar. Además no estaba para controversias que terminarían afectando su buen estado de ánimo. El cura era un hombre irritable en las interacciones, pero era firme y seguro como aliado, “y el día que deje de serlo” –pensó, “Ovidio y el Mello se encargarán de él, así como se encargan de todos mis asuntos”