¿Cuáles son los requisitos para ser miembro de un partido político del sistema? ¿Cuáles características distinguen a un político durante el desempeño de un cargo público? ¿Qué criterio es necesario observar para ascender dentro de la estructura de un partido político?
El objetivo principal de un partido político, en cualquier parte del mundo, es alcanzar el poder, pero en el caso de República Dominicana podríamos añadir que ese objetivo se trata de conseguir como sea, sin escatimar medios ni nada, bueno o malo, que conduzca al anhelado fin de apoderarse del Estado durante cuatro años.
Está más que demostrado que en el quehacer político tradicional no se “necesitan” los más reputados profesionales, ni los más convencidos moralistas, ni las más reconocidas honestidades, ni las mentes más lúcidas, ni los prestigios más bien ganados, puesto que quienes exhiben al menos una de esas características, o virtudes, con el tiempo se convierten en un obstáculo para el partido que gobierna.
Lo que realmente se necesita, según puede observarse en la práctica, para pertenecer a un partido político del sistema es carecer de cualquier tipo de pudor, además de una ausencia total de criterio y un desconocimiento radical de las obligaciones y responsabilidades ante la sociedad. Podríamos añadir, también, que quien milite en una organización tradicional debe exhibir en grado sumo la “cualidad” de decir y prometer cosas completamente distintas de las que hace durante el ejercicio de los cargos desempeñados.
Ser político, en República Dominicana, equivale a ser mentiroso, ladrón, deshonesto, simulador, corrupto, sin escrúpulos y perverso. El político que desempeña un cargo no tiene amigos, pues estos son sustituidos por los cómplices de éstos. Los políticos no hacen favores, sino que cobran servicios a cambio del pago de porcentajes que van desde el diez hasta el treinta y cinco por ciento.
Los políticos acuden a los servicios religiosos para simular una fe que no tienen, mientras que en su vida “secreta” se entregan a las pasiones más bajas y a perversiones dignas de Sodoma y Gomorra. Se confiesan con Dios, pero comulgan con el diablo. Sólo se acuerdan de los pobres cuando éstos pueden servir a sus fines (cuando hay elecciones, por ejemplo).
Cuando suceden casos que escandalizan a la sociedad, siempre hay políticos implicados, como virus que se expanden por todo el cuerpo infectado.
¿Está el pueblo dominicano destinado a elegir políticos corruptos para que sigan haciendo lo que siempre hacen? Desgraciadamente, fruto de la deficiencia educativa y del control mediático ejercido sobre una gran mayoría, parece que no cambiará por ahora.