El día 5 de mayo del año 2009 sometí a Bismar Galán, del Grupo Editorial Norma, un ejemplar de mi obra “Los cuentos negros” para fines de evaluación y posible publicación en esa editorial.
Me informaron que el plazo acordado para responder en sentido positivo o negativo era de unos tres meses.
La editorial Norma había publicado, entre otras cosas, un bodrio aparentemente autobiográfico de Ángel Lockward, “El buscador de tesoros”, había publicado el horrible libro de Aída Trujillo, “A la sombra de mi abuelo”, y había publicado un mamotreto novelístico incalificable de un autor que no viene al caso mencionar.
Por esa razón pensé que mi libro podía tener alguna posibilidad de aceptación a pesar del carácter anticlerical e irreverente de algunos de los relatos.
El 11 de mayo recibí una atenta comunicación del Asistente Editorial de Norma, el señor Ryde Acosta, en la que me informaba lo siguiente:
“Le confirmo que su obra fue recibida por el departamento editorial. En estos momentos está siendo evaluada. Tan pronto tengamos una opinión de la misma le notificaremos.”
Pasó el tiempo establecido y al no recibir noticias, a inicios de septiembre le escribí a Ryde Acosta en los siguientes términos:
“Hace más de tres meses que sometí mi obra, ‘Los cuentos negros’, a Editorial Norma y no he recibido respuesta. Supongo que debo entender que ha sido rechazada. Un atento saludo.”
Recibí entonces una respuesta de Guillermo Cote Menéndez, Gerente General del Grupo Norma RD:
“Estimado Señor Sturla, prontamente recibirá un comunicado oficial de la editora con los resultados sobre la lectura de su obra.”
El “prontamente” no llegó a realizarse y el lunes 30 de noviembre le escribí a Guillermo Cote Menéndez las siguientes palabras:
“La oferta de una pronta respuesta la recibí hace ya tres meses y no he vuelto a tener noticias de usted. Sin ánimo de presionar, agradecería una simple confirmación o negación.”
Cote Menéndez me contestó de esta manera:
“Pedro, no he querido responderle con un rotundo NO debido a su trayectoria personal y calidad literaria. Estoy trabajando en un proyecto de reestructuración de la compañía, hablemos en enero.”
Empecé a creer que la lectura de mi obra había causado ronchas en el departamento editorial, como temía desde el principio, y que las palabras de Cote Menéndez disimulaban una maniobra diversionista para sacarme el cuerpo con elogios y rendirme por cansancio para que no volviera a insistir en el tema.
En efecto, durante el mes de enero envié varios mensajes al señor Cote Ménendez, a Angie Noboa y otros funcionarios de la Editorial y en ningún momento se han dignado responderme. La callada es la respuesta de parte de una editorial que se supone tiene conocimiento de lo que significan las relaciones públicas.
Por un momento pensé que podía haber ofendido a alguien por telepatía o quizás a causa de un artículo en el que me quejaba de la mala práctica de ciertos maestros que imponen a sus alumnos la lectura de obras mediocres -de autores dominicanos- editadas por grandes editoriales establecidas en el país (Norma y Alfaguara, específicamente). Una práctica poco ética y mercurial con la que no transijo y voy a seguir denunciando.
En fin, algo que habría podido cerrarse con una simple comunicación, con una gentil negativa, se cierra con una indecente descortesía que no voy a pasar por alto, como puede apreciarse.
Los hechos me confirman que el señor Guillermo Cote Menéndez, en su calidad de Gerente General del Grupo Norma RD, o alguien en su lugar, ha decidido romper todo contacto conmigo sin dar explicaciones que al parecer no merezco.
Compruebo, no sin cierto estupor, que a un politicastro balaguerista y a la hija de un asesino vesánico como Ramfis Trujillo, el Grupo Editorial Norma les ha dispensado mejores cortesías que al suscrito. Espero, algún día, aprender a escribir como ellos.
Como ese buscador de tesoros que a cambio de sus desmanes recibe tantos favores políticos de un gobernante inmoral.
Como esa Aída Trujillo que confiesa sin rubor ni temor:
“...yo, Aída Trujillo Ricart, estaba allí, con mi triunfo por haber llegado a nacer, pero también con mi dolor por no haber sido deseada. Además, ya tenía un título: Era, y sería para toda la vida, la tercera nieta del amo y señor del país en donde yo había elegido nacer...
...Por entonces Aída había sido el único miembro de la familia Trujillo que se había cuestionado sobre la forma de gobernar de su abuelo. Era la única que había indagado. Ni el miedo ni el dolor se lo pudieron impedir a pesar del sufrimiento que ese hecho le había y le seguía proporcionando...
...Echó una última mirada atrás y vio al que había sido su cuerpo, ahora cadáver, tendido en el suelo, ensangrentado, de cara lívida, muy solo (...) y le pareció estar observando a un extraño, a alguien que no tenía nada que ver con él...
...Él, Ramfis Trujillo, no tenía derecho a olvidar y menos aún a plantearse el perdón. No tenía ni siquiera el derecho a intentar dejar de lado todo, como hubiese sido su deseo.
Su deber era indagar, descubrir y ajusticiar a los que habían cometido el magnicidio que había costado la vida a su progenitor...”.
Esta denuncia no obedece a motivos de carácter estrictamente personales.
Es una protesta objetiva contra una norma editorial de descortesía que publica obras infumables de trujillistas y balagueristas, y censura a escritores que se pronuncian contra los aspectos más siniestros y podridos del poder.
Contra el poder encarnado en los privilegios irritantes de la clase dirigente, en el autoritarismo del estado seudo democrático, contra el estado delincuente y sus capítulos represivos, contra las ejecuciones sumarias, la aplicación rutinaria de medidas que vulneran el derecho de gente, la impunidad del crimen, la impunidad de la corrupción, el racismo ordinario y, sobre todo, el intento de amordazar por todos los medios la libertad de conciencia.
El autor es escritor
pedro.conde@codetel.net.do [1]
Links:
[1] mailto:pedro.conde@codetel.net.do