La cultura política dominante no solo aúpa el presidencialismo autoritario, sino que se la ingenia para exculpar a los Jefes de Estado de turno de los abusos de poder, arbitrariedades, corruptelas, injusticias y acciones repudiables cometidas. A eso ha servido la figura del “anillo”, referida al círculo de altos funcionarios que rodea al “primer mandatario”, generalmente esposo de una “primera dama”.
Esto viene de atrás. Se potenció con Trujillo, resucitó con Balaguer y continuó con Guzmán, Jorge Blanco, Leonel, Hipólito y Danilo. En algunos casos con Despacho y Presupuesto de Primera Dama. Con Balaguer sin Primera Dama, pero con Cruzada del Amor; y con Abinader con Primera Dama, pero sin Despacho y con Presupuesto de la Presidencia.
Al “anillo” siempre se le pega lo malo. Al Presidente nada de lo mucho malo y todo de lo poco bueno, más cuando tiene re-postulaciones por delante. No importa que el “anillo” haya sido escogido y protegido por el “Primer Mandatorio”, ni importa que él sea el “primero” entre los de arriba y el mandamás de esos altos funcionarios, a quienes conoce y sabe para qué dan.
Él siempre debe ser el bueno, mientras que la maldad obligatoriamente procede de quienes lo rodean y elogian. No vale que los subalternos repitan hasta el cansancio que lo que hacen es por “órdenes expresas” del “Excelentísimo Señor Presidente”, o por “sabia disposición de la “alta Superioridad”: finalmente si no salen bien las, no es culpa del Presidente, aunque haya dado las órdenes.
Pero hay que reconocer que “El cambio” está innovando en esa cultura política dominante, y no precisamente para sofisticar el recurso del bendito anillo palaciego, sino para ampliarlo y ampliar burdamente el sofisma.
Ahora la “estrella rutilante” es Luis Abinader (y por eso tantas “pasarelas” y alabanzas) y los forajidos son el partido (PRM), con los del Poder Legislativo a la cabeza y aquellos funcionarios /as intermedios con vocación de gatos (atrapados por uno u otro programa de investigación de TV).
Se excluye graciosamente de entre “los malos” del oficialismo, a los grandes empresarios que han estafado al Estado, generales ladrones y asesinos, cúpulas involucradas en narco-política, corporaciones transnacionales… y hasta connotados “ladroneles”.
Parecería que el “primerísimo” no es el principal líder del partido, que no ha designado funcionario alguno, que no sabía previamente quiénes eran los perremeistas denunciados por corrupción y narco-corrupción; ni conocía los antecedentes mafiosos de las elites capitalistas que le acompañan. Esta manipulación cuenta con un enorme coro mediático que encubre sus esencias. ¿Hasta cuándo?
14 de noviembre de 2021,
Santo Domingo, RD.