Tradicionalmente hemos visto como los comerciantes y empresarios dominicanos no tienen piedad de la ciudadanía, no importa la época; siempre han actuado buscando su enriquecimiento, no importando que el pueblo languidezca. Los empresarios están íntimamente ligados a la política y al congreso, formando un entramado increíble, que se comporta con los mismos lineamientos e inhumanidad de los grandes empresarios mundiales.
Los niveles de explotación a que nos someten no lo podemos creer, desde el colmadero, hasta el industrial que maneja cientos y cientos de empleados. Hemos visto como en el pasado querían emplear a los obreros y no obreros, en jornadas de 3 meses, para no tener compromisos de pagar seguridad social, ni vacaciones, ni ninguna prestación laboral que ha costado conseguir en base a sudor y sangre.
Los dueños de empresa se comportan como insaciables, cada día ambicionan más volviéndose más ricos, en cambio los pobres cada vez son más pobres. No tienen alma, ni escrúpulos. Anecdóticamente dicen que cuando Rockefeller murió, le hicieron una necropsia, en el cuerpo no encontraron ningún escrúpulo.
Los ricos nunca entienden que todo el mundo muere, y que a nadie le echan el dinero en el féretro. Tampoco entienden que cuando uno le da mejores condicione de vida a sus empleados, producen más porque están más contentos en la labor que realicen.
Después de la pandemia, el mundo pasa por una crisis mundial, pero en nuestro país es más intensa debido al agiotismo, y a ese deseo y cultura de engañar al que va requiriendo nuestros servicios, se ha entronizado con carácter epidémico.
Durante los momentos más graves de la pandemia, se pudo comprobar a un grupo de empresarios del Partido de la Liberación Dominicana, especulando con mascarillas, vacunas, e incluso usando los estragos que el Covid-19 estaba causando con fines electorales. Pero gracias a Dios “se le peló el billete”.
Antes de aquí hablarse de reforma fiscal, ya los comerciantes estaban aumentando los precios de todos los productos, especialmente los de uso común, por ejemplos Aceite, azúcar, arroz, etcétera. No podemos olvidar que entre estos abusadores están los dueños de colmados, los cuales desde siempre hasta alteran el peso para engañar a las pobres mujeres que no pueden comprar en los supermercados. Pero el abuso se consolida de manera indiscriminada a nivel de los supermercados en donde cambian los precios todos los días, y aquí hay la costumbre de que lo que sube no baja.
La vinculación de empresarios y comerciante de menor rango es imposible de separar, y eso lo vemos a nivel del Congreso Nacional en donde abundan los dueños de bancas, riferos y vendedores de gas. Se ha podido comprobar por primera vez, gracias a conflictos entre ellos, lo cual ha permitido que la vista del pueblo penetre hasta allí.
Tradicionalmente, los legisladores violentan la Constitución de la República legislando para sí mismos, y así crean y aumentan negocios de productos que les llegan carísimos al pueblo. Pero sobre todo actúan vendiéndole sueños al pueblo con las bancas, de manera que hay hombres y mujeres que sacrifican la comida y la leche de sus hijos al comprar números que nunca salen. Se ha demostrado que la probabilidad de sacarse algo es de 97-3.1.
Esperemos que el reflejo de la crisis mundial, cosa que se nota en Facebook, Amazon y en la banca mundial, no nos afecte de lleno, ya que este es un país quebrado. Las actuales autoridades deben recortar más el gasto, a ver si los pobres sufren menos. También es preciso controlar a los comerciantes nacionales, para que muestren un poco de humanidad. Una medida importante sería congelar los precios de los artículos de primera necesidad.