Monchín quiere, lo desea y necesita, pero Luis Ramón se opone, en esa disparatada dicotomía transcurren las horas de ese par de seres irremediablemente unidos por lazos indisolubles, imposibles de disolver y mucho menos ignorar.
Monchín es romántico y soñador, medio loco, sonámbulo y poeta, Luis Ramón es pragmático, analista, y casi matemático, ve las cosas desde el punto de vista práctico y las analiza con la delicadeza con que un cirujano usa el escalpelo.
Hace muchos años que entre ellos se está librando una lucha que tarde o temprano terminará por desgastarlos o aniquilarlos, quien sabe, lo que pudo ser el mejor ejemplo de un alter ego devino a ser en una pugna brutal, simplemente Luis Ramón no aprueba las pretensiones de Monchín y este por su parte insiste en que a su edad los convencionalismos van perdiendo su identidad.
Admito que el tema es tan complejo, que honestamente no sé si quien escribe estas líneas es uno, el otro o todo lo contrario, así de grave es el asunto.
Si usted, querido lector, ha llegado hasta aquí, seguramente estará pensando que uno o los dos estamos locos de remate, de atar, pero no es así y les pido su colaboración para poder desenredar esta maraña existencial, de tal manera que sea Luis Ramón o Monchín quien salga triunfador, quien pierda no se sienta ofendido.
Me explico, Monchín quiere volver a San Juan de la Maguana, disfrutar de una noche en el patio de Anulfo escuchando boleros, hablando de todo con sus amigos; comerse un chen chen con chivo picante y regresar a su casa espiritualmente satisfecho, Luis Ramón le riposta diciéndole que la situación en la República Dominicana no le ofrece garantías, que dos viejos como yo y mi esposa no obtendríamos un buen seguro de salud y que nuestra seguridad física estaría constantemente en peligro.
En este punto admito que Monchín frunció el ceño, pero terco como es, le ripostó a Luis Ramón diciéndole que le hace falta tener un programa romántico de radio con boleros, asegurándole que aunque sean pocos los amigos que le quedan en San Juan estos se convertirían en sus oyentes fieles y fijos.
Como Luis Ramón es un polemista que ataca sin piedad, le recordó a Monchín que ese tipo de música ya no vende, y que lo mejor que podría hacer es comprar un espacio donde colocar las mierdas que se escuchan ahora y entrevistar a gente como Tokisha, El Alfa o a Bulín 47.
Admito, que al momento de exponer estas disquisiciones dialécticas entre dos personas que debieran estar de acuerdo, no se realmente qué camino tomar; si Monchín tiene razón o la tiene Luis Ramón no seré yo quien lo decida, para eso apelo a mis amigos.
Voy a dejar al pie de este escrito mi correo electrónico para que den su opinión, se muda Monchín para San Juan o se queda Luis Ramón en los Estados Unidos, sin omitir por supuesto sus motivaciones, esa es la cuestión.