Cuando el doctor llamó a Pedro para decirle que no podían controlar la hemorragia que estaba matando a María, y que la vida se les escapaba a ella y su hijo con cada gota de sangre perdida, Pedro comenzó a temblar.
Decía el doctor que tanto María como el feto podían perder la vida; si María moría el feto también, porque a esa edad gestacional solo se vive a través de la madre. La única posibilidad de vida era interrumpiendo el embarazo para detener el sangrado.
Pedro que había sido católico, apostólico y dominicano; activista en contra de todo tipo de aborto, sintió que la vida se burlaba de él; de repente, como un trueno que resonó en su cabeza, entendió algo paradójico: había que hacer un aborto para salvar una vida.
A diferencia de lo que dicen los grupos feministas y otros grupos liberales: “El aborto es una decisión exclusiva de la mujer”. Pedro entendió que es una decisión familiar y las decisiones familiares se toman en el seno familiar, no impuestas por grupos económicos, religiosos, políticos, liberales o conservadores; por eso, reunió a sus hijos, sus padres y a sus suegros para tomar una decisión.
En ese trance Pedro aprendió que muchas madres embarazadas pueden tener cáncer u otra enfermedad terminal y que el tratamiento muchas veces es incompatible con la vida del feto, por lo que habría que decidir si se interrumpe o no el embarazo.
Pedro sigue siendo un activista en contra del aborto criminal como la mayoría del pueblo dominicano, pero ahora entiende y justifica el aborto terapéutico, aquel que le conservó a su María.
La decisión de un aborto no es un juego político-religioso, es algo más serio que la conveniencia política de Miguel Fernández o la religiosa hipocresía de Agripino López, es muy fácil promover la vida viajando en el tren de la muerte.
Si de verdad les interesara la vida, tendrían mucho que hacer, pues ellos tienen el poder para revertir algunas estadísticas, como por ejemplo: nuestras embarazadas de a pie, las de los hospitales públicos, mueren más de Toxemia (27%), que del tan cacareado aborto (7%); en el caso de la Toxemia, podríamos revertirlo utilizando los recursos que se gasta el gobierno, los partidos de gobierno y oposición para promover narcisos, nepóticos y cleptómanos, en educar estas embarazadas.
Además, se podría utilizar estos recursos en la prevención de embarazos en adolescentes (alto riesgo) o en elevar la calidad de vida del 90% de los dominicanos, la cual está por debajo del nivel de la de los perros del Monseñor. Por favor, no fuercen estas madres a ir a los mataderos a practicarse abortos.
Si tanto les preocupa la vida infantil, entonces vamos a aumentar las cifras de lactancia materna (actualmente 8%) para así disminuir las enfermedades respiratorias, desnutrición y diarreas. Algo más barato y sencillo: díganle a la población a que temperatura o con cuantas gotas de cloro se esteriliza el agua para que no tengan que gastar comprando aguas contaminadas, recursos que se utilizarían en salud y nutrición.
Esto no sucede porque el único proyecto social de Miguel Fernández, es el mismo: mantenerse en el poder aunque el precio a pagar por la población sea el hambre, no disponibilidad de agua potable, servicios educativos y de salud de la peor calidad; la conversión de 148,000 Km cuadrados en una compra venta de voluntades, sueños y pudores porque su único objetivo es el poder.
Solo esperamos que cuando Miguel Fernández, ese grosero monstruo de la mitología criolla, se mida el traje que mandó a hacer con la constitución, la misma que su cínico maestro decía que era un pedazo de papel, la población llore por la infamia, las lagrimas mojen y rompan el traje, lo deje desnudo y enseñe lo que realmente es.
¡Cuidado con lo que muestra!, si lo que desnuda es un ser mentiroso que convence una y otra vez, un artista de la mentira, una persona que solo trabaja para él, aunque diga lo contrario, carente de sentimientos y arrepentimientos, carente de empatía (ponerse en lugar del otro), que usa las personas como objetos para su conveniencia, doblega voluntades con dinero o chantajes, incapaz de trabajar en equipo, rodeado de adulones en su equipo más que de personas capacitadas, de cabezas resonantes y sin sustancia y si son capacitados, los subyuga, por su necesidad de brillar.
No permite que nadie le haga sombra, si los hay, los elimina; manipulando y violando las normas establecidas por la sociedad. Tendríamos así el perfil de un sociópata; alguien que se repite a sí mismo, una y otra vez. Elíjalo y tendrá más de lo mismo.