DE BOLEROS, BOLERISTAS... Y ALGO MÁS
(Parte final)
No nos llamemos a engaños, independientemente del formidable y fundamental respaldo que La Voz Dominicana le brindó a los artistas dominicanos y extranjeros en el fondo subyacía la necesidad de demostrarle al mundo el clima de "libertad y paz" que gozábamos durante la feroz tiranía de Trujillo, se pensaba entonces que un país que recibía tantos artistas y que los proyectaba al mundo durante una semana llena de festividades, colorido y derroche no podía estar bajo la férula de una satrapía castrante como en efecto teníamos.
Independientemente de esas consideraciones de evidente matiz político, la dictadura se esforzaba en apoyar a la cada vez más creciente cosecha de artistas nativos tomando en cuenta que un artista es un embajador sin sueldo, at large si se quiere, y que países tan cercanos como Cuba y Puerto Rico estaban sacándole muy buen provecho a los suyos.
La Voz Dominicana fue instalada en un majestuoso palacio revestido de mármol, prolíficamente equipado con lo más moderno de la época al mando técnico de uno de los hombres más capacitados en el área: don Lulio Moscoso, las cámaras RCA de proyección de imagen fija, los micrófonos "boom" altamente sofisticados para la época y el diestro manejo de los técnicos rindieron los frutos esperados causando la admiración de los cantantes y músicos internacionales que nos visitaban.
La señal de La Voz Dominicana irradiada a través de los canales 4, 5 y 9 era posible gracias a un transmisor T. T. 5-A de 5 kilovatios de potencia de video y 2.5 de audio, suficientes como para que ninguna ciudad de la República Dominicana se quedara sin ver ni escuchar la señal, de esa forma nos constituimos en el tercer país de América, sólo después de México y Cuba, en tener una planta televisora de ese alcance y magnitud.
La inauguración formal de la misma presentó como primer obsequio televisivo al programa de comedias "Romance Campesino" de los inolvidables Felipa y Macario, justamente a las 12 del medio día del 1 de agosto del 1952, de esa forma la República Dominicana entraba de lleno en la era de la televisión moderna.
Las ambiciones de su fundador, presidente y tesorero, Teniente General José Arismendy Trujillo Molina (Petán) iban más allá de la simple inauguración de la misma, se formaron las escuelas de locución, danza y baile, teatro y canto, trayendo a profesores de Italia, Francia y España, muchos de los cuales jamás retornaron a sus países de origen dadas las facilidades y los altísimos sueldos de que disfrutaban.
Hay algo que quisiera resaltar en esta crónica y es referente a las famosas Semanas de Aniversario: era una fiesta opulenta, los mejores cantantes solistas, tríos, duetos, orquestas y actores fueron contratados; los dominicanos nunca fueron contraparte de los mismos, es más, las presentaciones eran abiertas y cerradas por nativos. Año tras año desfilaban por el Radio Teatro al Aire Libre y por los escenarios cubiertos luminarias del calibre de Antonio Prieto, Daniel Riolobos, María Luisa Landín, Carlos Pizarro, Los cuatro hermanos Silva, Alberto Gómez, Lupita Corazón, Carmen Sevilla, Lola Flores, Libertad Lamarque, Nicolás Urcelay, Hugo Avendaño, Carmela Rey, Rafael Vásquez, Eva Garza, María Victoria, El Mariachi México de Tecalitlán, Demetrio González, la despampanante Silvana Pampanini, Lucho Gatica, Xiomara Alfaro, Néstor Chaires y tantos y tantos más que no cabrían en esta crónica, por eso dejo a los lectores la tarea de recordarlos.
Un dato curioso lo constituye el hecho de que en 1957 fue traída al país María Luisa Landin, venía precedida de una fama increíble, era la reina del bolero y la voz más cotizada de la multinacional del disco RCA Víctor; María Luisa se quedó prendada del país y estableció residencia en la calle Santomé de la capital, instalando un moderno Salón de belleza junto a su hermana Evelina, llamado "Salón Landín", las malas lenguas de la época la relacionaron íntimamente con el general Petán Trujillo.
Algo que no se puede quedar en este relato del ayer dominicano es la fuerte, brillante y cada vez más auspiciosa presencia del talento dominicano, que como apunté en un párrafo anterior, no era segundo de nadie, dese gusto leyendo estos nombres: Lope Balaguer (de quien dijo Néstor Chaires que si fuera mejicano fuera más famoso que él, en obvia alusión a las oportunidades de presentarse en cualquier país y por supuesto a la exquisitez de su voz) Flor De Liz, Rafael Pérez Cid, Las Hermanas Iludee, El Dueto Veloz) Primer y unico dueto de boleristas dominicanos) Napoleón Dhimes, Esther Valladares, un regalo de España, Guarionex Aquino, famoso por su grito de guerra ¡Currutá! y años mas tarde por grabar el himno de San Juan de la Maguana, "Mañanitas de San Juan", Cassandra Damirón, José Nicolás Casimiro y Fulgencio, Tony Curiel, Ángela Vásquez, Fellita y Armando Cabrera... las orquestas acompañantes Santa Cecilia de Luis Alberty, la del maestro Antonio Morel, la única orquesta que tenia una pianista cubana que tocaba hasta con los codos: Panchita Pujeau, la Súper orquesta San José y el Cuarteto de Cuerdas; los locutores presentadores: Ramón Rivera Batista, considerado la mejor voz dominicana de todos los tiempos, Efraín Báez Aguilar, Julio César Féliz (Bubito), José Antonio Núñez Fernández, Alfredo Fabián Damirón (el famoso don Poli), Héctor J. Díaz, Juan Llibre, Freddy Miller Otero, Fidencio Garris, Oscar Iglesias, Rafael Arredondo, José Altagracia Bruno Pimentel, Jesús Torres Tejada, Julián Espinal (Potemkim), Rafael Gómez Acevedo, Thelma Nuris Espinosa, Francisco Grullón Cordero, Hilda Colón, Solangel Payano y otros.
Se que se me quedan en el tintero muchas cosas por contar; reconozco lo limitante que resulta escribir confiando en la memoria, una memoria que con los años y las enfermedades se va haciendo más escasa, sólo pretendo que no caigan en el olvido esas cosas nuestras, ese ayer dominicano que se resiste a desaparecer arrastrado por los nuevos tiempos.
Por mi parte creo haber cumplido con ese deber, aunque parcialmente, por eso les prometo escribir en mis próximos artículos sobre la historia de la radio en San Juan de la Maguana, anécdotas y un poco de mi historia personal incluidas, al fin y al cabo, si yo hablo de todo el mundo, ¿por qué no lo voy a hacer de mi, si nadie me conoce mejor que yo mismo?
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