DE BOLEROS, BOLERISTAS... Y ALGO MAS
Con profundo afecto a mi hermano Eulalio Almonte Rubiera, periodista, bolerista y leal en sus afectos.
El bolero tal y como lo describimos los entendidos, es una expresión íntima que brota con ímpetu irreprimido, es fuerza avasallante, agua sin control que riega generosamente los cultivos del alma. Nada mas cierto, el bolero es educación sentimental y perspectiva cultural, es igualmente el discurso emotivo y determinante de la intrincada gama de sentimientos que arropa al hombre. Ha tenido a lo largo de sus más de cien años de existencia, momentos críticos, pero siempre ha salido indemne, es algo así como un fuego que repele el agua que intenta disminuir su flama, el bolero es hoy por hoy el gigante que le ha ganado la batalla a la apatía y a los ritmos foráneos y alienantes.
En 1936, por ejemplo, la Secretaría de Educación Pública de México prohibió que en las escuelas públicas se interpretaran las canciones de Agustín Lara y fue notoria la opinión del maestro Ponce justificando la insólita acción contra las canciones del flaco de oro de que: "Esas canciones de cabaret, eran para los extranjeros que pasaban por Paris o para las bajas capas sociales o para las criadas...".
La razón de tan insólita medida, un atentado de lesa bolero o como diría Tres Patines "un bolericidio", fue el origen de los mismos, para tratar de explicarlo acudo a mi relatora preferida, María Del Carmen de la Peza, cito textualmente: “Agustín Lara inicio su carrera artística musical a los trece años como pianista en una casa de "mujeres de la vida alegre" y se dice de él que por el año de 1928 se da a conocer en los ambientes bohemios de la capital azteca un pianista de procedencia de Veracruz que ejecutaba muy bien los danzones cubanos. Con Lara una nueva característica se imprime al bolero y como dice Héctor Medina Ferrón "hubo una época en que gran parte de los compositores encontraron una fuente de inspiración muy pródiga en las muchachas de la vida galante y a todas las convirtieron en boleros...".
Se acuerdan de "Perdida", "Amor de la calle", "Hipócrita", "Callejera", "Flor deshojada", "Arrabalera", "Traicionera", "Te vendes", "Amor vendido", "Si fueras una cualquiera", "Flor de arrabal", "Traidora", "Trotacalles", "Corazón enfermo", "Tu y la vida", y yo agrego: "Señora de la noche", y "Peregrina sin amor".
El veto a las canciones de Lara fue el primer gran obstáculo que el bolero vivencial tuvo que superar en un país que como México se estaba preparando en términos de compositores, arreglistas y cantantes para competir con Cuba, la patria del bolero. El resultado inmediato de esa prohibición fue una exacerbación del ánimo popular que no entendía como se pretendía frenar una expresión del alma, al fin y al cabo la mujer fue siempre y así seguirá siendo, el leit motiv de las más hermosas canciones de amor y desamor.
El bolero romántico (no hay nada mas romántico que un bolero con lágrimas) se recicló y vistió de gala su compás en la medida en que intérpretes jóvenes y pongo de ejemplo a Luis Miguel, se aventuró a grabarlos involucrando en el gusto de la juventud esa clase de ritmo que pasó todas las asignaturas hasta doctorarse con el summa cum laude del gusto por lo estéticamente puro y gratamente emocional.
Para concluir quiero decirles que el efecto bolero es un hecho irreversible, es una cultura y un estado del alma. Quienes lo amamos y lo estudiamos no dejamos de sorprendernos por su vitalidad de más de cien años, ese muchacho llamado bolero, tan hijo mío como tuyo, es una lágrima que vertida a los pies del amor, riega las flores que adornan las tumbas de Leo Marini, Panchito Riset, Felipe Pirela, Juan Lockward, Javier Solís, Felipe Rodríguez, Orlando Contreras, Fernando Albuerne, Fernando Torres, Orlando Vallejo y...
Notas:
1.- Jaime Rico Salazar "Cien años de boleros", página 74.
2.- "El bolero y la educación sentimental", María Del Carmen De la Peza.
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