SANTO DOMINGO, 8 jul (PL).- Si todas las rutas llevan a Roma, el camino hacia la sordera pasa por esta capital, donde los niveles de contaminación sónica están muy por encima de los tolerables.
Bachatas, merengues en sus múltiples variantes, escapes de los autos y cuanto dispositivo produzca ruido, inundan la atmósfera capitalina y de las provincias en un pandemonio que, para el visitante, resulta una tortura.
La situación se ha complicado en los dos últimos meses y no es causalidad, sino que coincide con la llegada de la canícula, que en República Dominicana es como un estado perpetuo que se atenúa o aumenta, pero es omnipresente.
Quedarse en el interior de cualquier vivienda sin aire acondicionado central, que son las más, por cierto, es una hazaña digna de ermitaños, de los cuales no hay noticias en los anales domincanos.
Por supuesto salir implica sentarse en algún momento y qué mejor lugar que uno en el cual uno pueda tomarse una cerveza lo más fría posible, ese antídoto infalible contra los rigores del bochorno.
Un alto funcionario encargado del tema certificó que el nivel promedio de contaminación sónica en la capital oscila entre 75 y 85 decibelios, entre tres y cuatro decenas por encima de lo aceptable para el oído humano.
Hay cierta disminución en la noche, del orden de los 65 a 55, siempre y cuando usted resida lejos de un "colmadón", como se llama aquí a establecimientos de víveres que, además, expenden licores con el acompañamiento de música o de eventos deportivos, sintonizados a todo volumen.
El número de decibelios considerado normal oscila entre 45 en la noche y 50 de día, especificó José Espinal, que desempeña la poco envidiable función de procurador adjunto del Medio Ambiente, quien se las debe ver y desear para cumplir sus funciones.
Espinal dijo a la prensa que en las últimas semanas esa dependencia ha confiscado 700 altavoces de entre 10 y 12 pulgadas, una suerte de cañones musicales que, por alguna misteriosa razón, hace felices a algunas personas, en especial cuando difunden música electrónica basada en misteriosos instrumentos musicales.
Las medidas punitivas fueron aplicadas a establecimientos, pero el funcionario no menciona a los coches que circulan por la ciudad a cualquier hora del día y la noche vertiendo en el aire desechos tóxicos auditivos, no por intangibles menos dañinos que los otros.