Al momento de pensar en la tarea educativa, los (as) docentes se plantean interrogantes como ¿Para qué o por qué? ¿Qué? ¿Cómo? ¿Con Qué? ¿Cuándo? ¿Dónde? Y ¿Cómo evaluarlo? Todas estas interrogantes responden a un determinado elemento de la planificación educativa, pero una vez establecidos los objetivos, determinados los contenidos, diseñadas las estrategias, seleccionados los recursos y puesto en ejecución el plan, se hace necesario determinar la medida en que se han logrado los propósitos, he aquí la gran importancia de la interrogante ¿Cómo evaluarlo?
Este aspecto es quizás uno de los más difíciles, ya que de él depende el que se determinen las debilidades y progresos, permitiendo regular tanto el proceso de enseñanza como el de aprendizaje.
Con respecto a la interrogante ¿Qué Evaluar? Hay que decir que en un proceso educativo se evalúa todo, el diseño de la planificación, su ejecución y la apropiación de contenidos.
Es importante evaluar el diseño de la planificación para determinar si los objetivos, contenidos, estrategias, actividades, recursos y la misma evaluación fueron pertinentes para lograr lo que se había concebido desde un inicio.
Esta actitud de evaluar el propio plan, permite que los(as) docentes vayan desarrollando reflexiones sobre su práctica. La evaluación de la ejecución de la planificación trae consigo una serie de elementos interesantes sobre el proceso enseñanza-aprendizaje.
Estos elementos invitan a reflexionar sobre la manera en que se desarrollaron las actividades, se debe pensar si estas se dieron de la manera en que fueron diseñadas, si el proceso de mediación profesor-alumnado fue eficiente o si éste facilitó el que se involucraran todos y cada uno de los actores principales presentes en el proceso.
En relación a la apropiación de los contenidos, debe ponerse especial atención a la medida en que éstos se convirtieron en conocimientos, en aprendizaje significativo, ya que en última instancia el valor de estos va a depender del carácter instrumental que cada uno(a) le imprima.
Quizás la pregunta más inquietante para los(as) docentes y para el alumnado es cómo evaluar. Esto es así, porque el cómo evaluar hace referencia a los métodos, técnicas, instrumentos y actividades, ya que de la selección de éstos, depende en gran medida la calificación o puntuación, condición determinante para aprobar o reprobar en un proceso, pero lo más delicado es que de ésta depende el que se evalúe realmente, o se caiga simplemente en la medición.
Si se quiere hacer una evaluación que verdaderamente ayude a determinar progresos, a detectar debilidades y a regular aprendizajes es muy importante tomar en cuenta la evaluación cualitativa y la evaluación criterial.
La evaluación cualitativa enfatiza la relevancia de evaluar la calidad de los procesos sobre la base de cualidades, de señales que están muy distantes de una simple calificación.
Para este tipo de evaluación es imprescindible diversificar el sistema utilizado para la recolección de las informaciones, comenzado a incluir instrumentos como la lista de cotejo, el diario reflexivo, la lista de control, el registro anecdótico, el sociograma, el psicodrama, las grabaciones, las escalas de valores, entre otros.
Con relación a la evaluación criterial hay que destacar que los criterios ayudan a central la atención sobre los aspectos más relevantes, permitiendo un mayor grado de objetividad en el proceso evaluativo. Los criterios se definen en función de los objetivos, por lo tanto, deben ser claros y precisos.
Es imperante el que éstos sean conocidos tanto por el evaluador (docente) como por el evaluado (alumnado), porque al igual que los propósitos permiten, que ambos trabajen en conjunto para lograrlos, ayudando a obtener resultados satisfactorios.
Tanto en la evaluación cualitativa como criterial, los indicadores de logros juegan un papel preponderante, ya que éstos son los que en última instancia definen la calificación y los resultados, permitiendo establecer la diferencia entre un antes y un después.
Recordarnos a todos los docentes, que la evaluación debe diseñarse y realizase en función de lo que se ha trabajado en las sesiones de clases, ya que es injusto evaluar sobre la base de lo que no se ha llegado a consenso en el proceso enseñanza- aprendizaje.
Esto no quiere decir que la transferencia no constituya un elemento importante al momento de evaluar, se trata de que esta, se realice sobre la base de conocimientos generados durante los procesos.
Bibliografía:
Casanova, M. A. (2007). Manual de Evaluación Educativa. Madrid: La Muralla.
Sanmartí, N. (2007). Diez Ideas Claves. Evaluar para Aprender. Barcelona: GRAÓ, de IRIS, S. L. Págs. 68 y 131.
El autor es Docente del Área de Socio Pedagogía. Instituto Superior de Formación Docente Salomé Ureña, Recinto Urania Montás, San Juan de la Maguana, R. D.