CATALEJO
No me refiero a la película del afamado director James Cameron, sino a las aseveraciones mentirosas que muchos reiteran hasta la saciedad, como una práctica de obscenidad política.
Paul Joseph Goebbels, figura prominente del nazismo, sostenía que “una mentira mil veces repetida… se transforma en verdad”.
Como Goebbels, sus émulos —hoy en el poder— manipulan a los ingenuos ensalzándoles con sentimientos de orgullo, promoviendo odios y convenciéndoles de cosas muy alejadas de la realidad.
Por eso no es de extrañar, que la verdad sea la primera víctima en boca de los politiqueros, como suele ocurrir en la guerra.
A éstos los encontramos enriquecidos en los puestos más encumbrados del Estado y reparten el erario entre sus más estrechos colaboradores, mientras otros sujetos de igual estirpe aguardan para sustituirles.
Estos líderes de la partidocracia han llegado al extremo de realizar cursos avanzados de oratoria para impresionar, manipular conciencia y controlar voluntades.
Han estilizado el caminar a lo John Wayne, gesticulan mientras hablan, dominan el arte de la elocuencia; deleitan, persuaden y conmueven por medio de la palabra.
Así, prometen lo que nunca cumplen, juran mientras mienten, llaman al consenso mientras imponen sus caprichos y practican lo que ellos mismos critican.
Por su mitomanía, las víctimas de la pobreza siguen creyendo que a través de ellos algún día alcanzarán el bienestar.
Tan pletóricos de felicidad y riqueza estamos, que debemos pagar los gastos de 33 mineros chilenos (explotados, sepultados y exhumados) y sus familiares, que harían turismo en resorts paradisíacos en el Este del país.
“Paradise” donde jamás han pisado millones de dominicanos, que sobreviven por igual sepultados en el olvido de éste y todos los gobiernos.
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