"Hoy los recuerdos se asoman
evocando tiempos idos,
agolpándose en la noche,
descarriados y en silencio.
Todos se unen gustosos,
para derramar en mí aliento,
un perfume de nostalgia,
jugueteando con el viento."
Llueve torrencialmente, y la lluvia, acompañada de la brisa, hace evocar la niñez perdida en el viejo Comendador de mis recuerdos, cuando la naturaleza pródiga, dejaba la impronta de su magnificencia en abundantes aguaceros por seis meses del año.
Verdes y productivos campos de sembradíos, que alegraban el trinar de incontables variedad de pájaros; ríos caudalosos que invitaban aquellas giras estudiantiles, que ya el tiempo se llevo, y entre las aguas, peces multicolores y juguetones, que cual mensajeros de Poseidón, cruzaban entre las piernas, de niños que buceaban o jugaban al Ju o Campa.
Y en las montañas, el aire puro regaba por doquier los olores perfumados, de pinos, abedules, y amapolas en flor.
¡Que tiempos aquellos!
Como olvidar, los trasiegos infantiles al mediodía, transportando entre los hogares los ricos platos comestibles de entonces; la forma inteligente con que nuestros mayores, aprovechaban el espacio sobrante de la casa, sembrando cosas útiles, para reducir el costo de la canasta familiar.
El ají siete paila; el tomatico silvestre; perejil; verdecito; el orégano poleo; la bija o achote. Guanábana; limones; naranja; hojas de limoncillo; canelilla; apasote, etc., condimentos, hojas medicinales y frutas al natural, sembradas por las manos sacrosantas de mamá.
Evocar con ternura a quienes nos dieron el pan de la enseñanza. Queridos profesores que partieron de este mundo o deambulan por las calles de una sociedad de injusticias, que ha olvidado la grandeza de sus aportes en pro de mejores ciudadanos.
Palmenio Ruiz Oviedo; Amantina Medina y de la Rosa; Nicolás Mañón; Luz Celeste Lara Mejía; Aura Mateo Santana; Patria Nilda Castro de Santos; Federico Bienvenido Lara; Sidérico Aquiles Dicló Peña; Fredesvinda Luciano; Trajano Salvador Potentini Canó; Miguel Beltrè Federico Aquiles de la Cruz Barrientos; Ana Antonia Marcano y otros tantos, cuyos rostros permanecen como tintas indelebles en mis ojos.
El querido Profesor Federico Aquiles de la Cruz Barrientos –Aquiles Mapó- para sus amigos, era un romántico empedernido, perdía la noción del tiempo, escuchando una de esas canciones del ayer.
En una oportunidad me invitó para que le acompañara en dar una serenata, a una compañera de labores, que lo tenía vuelto loco. Esa profesora, neybera de pura cepa, sabía que el pobre Aquiles, como dice el vulgo se encontraba excesivamente ‘afixiao’, pero segura de si misma, no les daba ni siquiera esperanza. Aquiles a sabiendas de esa actitud, me sugirió le cantara.
Yo quiero vidita mía,
cantarle a tus ojos bellos,
por que mi vida sin ellos,
amor y melancolía.
Cantar quiero a tu hermosura,
muchacha de risa loca,
cantarles quiero a tu boca
y a tu imponente figura.
Tus ojazos me han herido,
tu boca me tiene preso,
si por la miel de tus besos,
puedo ser correspondido.
Mientras cantábamos y acompañado de una risotada dentro del hogar, sonó un follón que pareció un trueno. El enamorado impenitente me dijo con tristeza: “¡vàmonos!”; pasaron los días y con extrañeza notábamos que el profesor, no asistía a impartir clases como era de costumbre. Después de salir, visitamos el hogar del amigo y confidente y le encontré sentado en la mesa almorzando y sonriendo me dijo, nunca me he sentido tan despreciado. Tú sabes Chino, ¿Para no decirle a uno con la boca, que no lo quiere, sino hacerlo de la forma que lo hizo? La persona en cuestión pidió traslado de Elías Piña y se fue sin despedirse, en una aparente sensación de vergüenza por lo ocurrido.
Y que decir de esos inolvidables amigos en las aulas de clases. De esos camaradas de ensueños e ilusiones, en cuyas mentes preclaras gravitaba el ideal sublime de superación personal.
José Pilar Pérez Soler; Israel Bautista Lorenzo; Héctor Bienvenido Castillo; Manuel de Jesús Minier Rodríguez; Luis Rodríguez Paulino; Blanco y Enércido Polanco; Otilio Molina Méndez; Vinicio Valenzuela Pérez; Carmen Luisa Sorí Cáceres; Luisa Inapxidi Hernández Castillo; Rafael Armando Pérez Caamaño; Héctor Bienvenido Rosario Minier; Eduardo Mora; Rómulo Barrientos; Rafael Barrientos y Carela; Juan Bautista Suero, entre otros.
Mi primera canción, uno de los tantos viernes esperados por todos los que como yo, eran enamorados de la música.
Cariño y Verdad
En una casita chiquita y muy blanca
camino del puerto de Santa Marìa,
habita una vieja muy buena y muy santa,
muy buena y muy santa que es la madre mìa.
Y maldigo hasta la hora,
en que yo la abandonè,
a pesar de sus consejos
no la quise comprender.
Ella me lleva en el alma,
y tú en la imaginación,
tú me miras con los ojos,
ella con el corazón.
Lo tuyo es capricho,
pura vanidad,
lo de ella es cariño,
cariño verdad.
Esto fue apoteósico y generó en una algarabía entre mis compañeros de clases, que hizo obligatorio mi participación en los recordados días de Las Madres, que hoy parecen ser cosas del pasado en los centros educativos.
Tenía 12 años apenas, cuando sentí el escozor que da el primer amor. Nuestros primeros devaneos de conquistas por una mujer. Enloquecido quizás, junto a grupos de amigos, le llevé mi primera serenata.
Al compás de la guitarra, empecé a cantar:
Lindo capullo de alelí…
Pero no pude continuar, pues de la casa una voz sonora y bien entonada respondió jocosamente… Cuantos pulgones detrás de un fui
Que produjo entre nosotros y en el hogar, incontenibles risas.
Era el querido Mendó, sanjuanero, músico y zapatero remendón que hacia una de las suyas.
Sin proponérselo quizás, le dio el toque final, a lo que luego con el tiempo comprendí, era la quimérica ilusión del niño, que daba sus primeros aleteos en el camino de ser hombre.
Mi pasión era jugar béisbol, y a los 16 años destacaba en ese mundo que requiere calidad, arrojo e intrepidez. Al decir de mis coterráneos, era excelente bateador y tenía un brazo de cañón, aunque corriendo era comparable con los rodillos. Tales atributos obligó a mi incorporación al equipo representativo de Elías Piña en los campeonatos regionales de antaño, junto con figuras destacadas de la época como Miguel Gomera; Danilo Mencía; Rafael Sorí; Juvenal Alayón y Julito Pérez, del equipo local . Quico Crisótomo; Henchi Rodríguez y Tirso Soler de Las Matas de Farfán; Villeguita, Narciso, Demetrio Pérez , uno al que solo recuerdo por Leo y Milton Lora de San Juan de la Maguana; Albot James, Paleta Medrano, Miguel Coiscou, Joselín Cavalo y Filco, nombre con que era conocido el ex pelotero profesional fallecido, Ricardo Joshep.
En una ocasión Miguel Gomera, tiraba una joya de picheo en contra del equipo de Barahona. Era prácticamente imbateable, al llegar el sexto ining, y con dos hombres en base, Ricardo Joshep le dió un batazo descomunal, en el que hizo galas de buenas piernas y mejor fildeo Julito Pérez, salvándole el juego con esta atrapada que aún recuerdan las viejas generaciones beisbolísticas.
El flaco Milton Lora, era además de buen bateador, excelente picher. Tenía una bola de humo que hacía estremecer al receptor. Ese flaco, involuntariamente, jugando San Juan contra Elías Piña, le dio un bolazo en la cabeza, a Miguel Holguín, que hubo que echarles latas de agua, para que volviera en sí. Esto obligó a que Holguín dejara el béisbol y se dedicara luego al ejercicio de la investigación, donde dejó constancia de su entrega y capacidad, hasta su muerte acaecida en el mes de Diciembre del año 2009.
Después de la revolución de Abril, a los 22 años de edad, se dio inicio a mis labores como Promotor Social de la siempre recordada ODC. Comencé a trabajar en el municipio de Miches, Provincia de El Seybo.
En esa época, la carretera que iba de Miches a Higüey, carecía de asfaltado; los puentes eran de madera y en los ríos abundaban las tortugas y guabinas; pero en los canales de regadíos acechaban cantidades de sanguijuelas; llovía incesantemente y los vehículos se veían obligados a utilizar unas cadenas, que colocaban en las gomas.
Como buen sureño y fronterizo, no estaba acostumbrado a ver arañas cacata, que por allí para esos tiempos abundaban, debido a las lluvias y a que era una
zona de crianza de ganado vacuno y la siembra de pastizales.
Cultive amistad con un Señor de Nombre Sergio Berroa, apodado Don Chichì, que gentilmente me invitaba de noche a su hogar. El tenia una guitarra, con la cual
sólo acompañaba en dos canciones, entre ellas ésta era su favorita.
Casita de campo,
tan linda y tan bella
quisiera soñar,
que por las mañanas,
siempre enamorada,
ella ha de esperar.
Mientras tocaba la guitarra, en el hogar preparaban jugo de chinola con leche. Mientras esperábamos escuchando las interpretaciones y debajo de una enramada cubierta de chinolas, sentí que algo subía por mi espalda. Don Chichí que había observado la escena, me dijo ¡No se mueva!, era una tremenda araña que él supo agarrar y luego pisar. A partir de ese momento, cuantas veces iba al hogar del amigo, me sentaba en una silla gigante que había y nunca debajo de la enramada.
En Miches, conocí a una hermosa mujer a la cual enamoré. Nuestro romance sin embargo duró poco, pues los promotores sociales para aquel entonces, se parecían a los guardias, que en cada puesto dejan un amor.
Me trasladaron para Jarabacoa: luego de estar en esa población, recibí una carta que aun recuerdo con cariño y donde ella me decía: “Rafael al hacerte esta carta, que con dolor de mi alma te escribo…”, acude a mi mente un trozo del poema de la despedida que reza:
Te digo adiós
y acaso con esta despedida,
mi más hermoso sueño,
muere dentro de mi.
Pero te digo adiós,
para toda la vida,
aunque toda la vida,
siga pensando en ti.
Un gran locutor solía decir, recordar es vivir y en la vida hay que
evocar, para que cuando veamos que el final se acerca, duela menos.
Arrimado a mis recuerdos
evocando mi pasado,
fui recorriendo senderos
de un ayer, nunca olvidado.
Y sentir de aquella infancia,
la escuelita de los años,
y un romance en la enramada,
luego el primer desengaño.
"Evocando mi pasado,
sentencio mis años de entonces
a enfrentarse a mi presente,
como actores en ensayos de la comedia vivida"
Hoy miro hacia mi espalda,
contemplando mi pasado,
como quisiera volver
a los días de mi infancia,
sin los dolores que el tiempo,
dejaron sobre mi alma.
Remembranzas de antaño,
evocando mi pasado,
yo sigo con mi nostalgia
y una canción en mis labios.
Cantando voy por el mundo,
evocando mi pasado,
como el actor de mi vida
de un ayer siempre añorado.