La vida del pedalista Augusto Sánchez no es la de cualquier atleta que en base a su talento y dedicación logra abrazar la gloria. Sus primeros años fueron difíciles, ya que tuvo que enfrentar vicisitudes y obstáculos, pero que gracias a sus deseos de triunfar hoy cosecha con creces los frutos que los consagran como uno de los máximos exponentes del ciclismo dominicano.
Sánchez, quien en los recién concluidos Juegos Centroamericanos y del Caribe se alzó con una presea de oro (carrera por puntos), una plata (persecución por equipos) y un bronce (madison), fue durante diez años jardinero y lustrador de zapatos en una casa de familia en Barahona, de donde es nativo, debido a que sus padres Miguel Sánchez, agricultor, y Adelaida Beriguete, ama de casa, no poseían los recursos necesarios para su sustento y complacerlo en algún antojo como todo joven, de comprar lo que anhela tener.
En su trabajo devengaba mil pesos mensuales donde tenía que ir todos los días, oficio que tenía que combinar con el de lustrador de zapatos del cual percibía cien pesos.