EN CANOA
(Primera Parte)
Las Naciones de la tierra sienten hoy preocupación, ante el futuro incierto, que aparentemente nos espera.
La destrucción de la capa de ozono; el sobrecalentamiento global; el exterminio de la fauna- flora y la actitud irresponsable de las grandes potencias, que se resisten adoptar medidas para proteger el medio ambiente por preservar intereses económicos y políticos. Ponen hoy la vida del planeta en peligro.
En Canoa del Amazonas al Caribe, es el trabajo desarrollado por numerosos científicos de los pueblos hermanos de Indo-América, cuyas peripecias narran con toda crudeza, y que ofrece una imagen real de lo que acontecía en el llamado "Pulmón del Mundo", cuando se celebraba lo que eufemísticamente se denomino "El Quinto Centenario del Descubrimiento de América", en el año 1992.
Este es el primero de un prolongado número de artículos, extraídos del libro "En Canoa, desde el Amazonas al Caribe", que fuera publicado, luego de una larga travesía, por el doctor Antonio Núñez Jiménez, Presidente de la Comisión Nacional de Cuba, conmemorativa del Medio Milenio del Descubrimiento Mutuo de las Culturas del Viejo y el Nuevo Mundo.
Esperamos que estos artículos, ofrezcan una idea clara de la realidad que sucede en la Amazonía y que los amables lectores de Barrigaverde.net puedan enriquecerlas con sus valiosas opiniones.
A MODO DE INTRODUCCION
Dicen que la historia se repite en ciclos interminables. En ese sentido, la experiencia agotada por los participantes en la expedición "En Canoa, del Amazonas al Caribe", constituye el eco tardío de un grito ancestral, acaso proferido en la espesura de la selva, donde sus ondas concéntricas llevaron un mensaje directo al último confín del continente virgen.
Como en aquella ocasión, ahora también existe la necesidad imperiosa del contacto, sólo que con miras a encontrar la tan añorada unidad Indo americanista.
Fue precisamente guiado por ese impulso, que un grupo de hombres tenaces y acuciosos se hizo a la mar en frágiles embarcaciones -remedo casi exacto de aquellas utilizadas por los aborígenes de nuestra América- dispuesto a lograr una visión de conjunto ampliada y corregida, de lo que son la flora y la fauna de estos predios.
Con el Dr. Antonio Núñez Jiménez al frente de la expedición y atravesando los Andes orientales del Ecuador, científicos procedentes de varios países llegaron al río Napo, desde cuyas orillas iniciaron la navegación a lo largo del Ecuador y el Perú para desembocar en el Amazonas.
El río Negro, el Orinoco y algunas ciudades remotas de Venezuela se fueron sucediendo antes de que las canoas alcanzaran el Atlántico para cruzar el arco de las Antillas Menores, internarse en las Mayores y arribar a las costas de Puerto Rico, República Dominicana, Haití, Cuba y las Bahamas.
A lo largo de los 17,422 kilómetros recorridos en todo un año, no fueron pocos los obstáculos encontrados, pues la no siempre favorable disposición de los elementos, quiso que dos canoas, la Simón Bolívar y la Hatuey, quedaran derrelictas bajo el azote de las tormentas.
Sobre cuatrocientas personas, entre las que se encontraban científicos, artistas, técnicos y auxiliares civiles y militares, se aprestaron a realizar interesantes estudios que repercutieron en los campos ecológico, zoológico, geográfico, antropológico, por sólo citar unos cuantos.
En el aspecto humano, quizás el más importante de todos los aspectos, las expectativas de los expedicionarios se vieron coronadas por el contacto directo con ciertas poblaciones aborígenes entre ellos, Waraos, Yaguas, Quichuas, y Caribes Negros de San Vicente y Dominica, últimos sobrevivientes de la cultura americana de las Antillas.
Durante el viaje, fueron organizados numerosos simposios a fin de exponer y debatir temas alusivos al Descubrimiento de América, básicamente aquel que se refiere a la primera tierra visitada por Colón en las Bahamas.
Huelga decir, que uno de los grupos más beneficiados con el viaje fue el de los artistas, quienes deslumbrados por la policromía de las tierras tocadas, hallaron abundante material de inspiración y trabajo.
DE LA CORDILLERA DE LOS ANDES A LA SELVA AMAZÒNICA
Todo es animación y entusiasmo en el Colegio Militar "Eloy Alfaro", nuestro campamento en Quito.
Antes de la partida, se procede a iniciar el tratamiento preventivo contra el paludismo y la vacunación de los expedicionarios; también celebramos una primera reunión para dar los toques organizativos finales y estudiar la ruta a seguir, y acordamos una directiva colectiva, formada por un representante de cada país; el botánico Polidoro Pinto de la Universidad de Bogotá;
Doris Santos de Farìa, profesora de la Universidad de Brasilia, especialista en el estudio de monos ; la licenciada Leda Menéndez, botánica de la Academia de Ciencias de Cuba ; el arqueólogo Hernán Carrillo, por Perú y el Profesor Lenin Ortiz de la Universidad Central de Quito; Doctor Antonio Núñez Jiménez, coordinador general y, como asesor, José Luis Padrón.
En el futuro se agregarían a la relación anterior otros representantes de América del Sur y del Caribe.
Los expedicionarios, en la antesala de la gran aventura, cargamos los pesados equipos y las vituallas en "Las Mulas", pode rosos camiones del Ejercito Ecuatoriano que lo trasladaron por la cordillera de los Andes hasta el puerto fluvial Francisco de Orellana a orillas del río Napo, en la selva oriental, estratégica vía que permite navegar hasta el río Amazonas.
Los vehículos cruzarán la cordillera siguiendo el terraplén de Pifo-Baeza-Lago Agrio, paralelo al Oleoducto transecuatoriano, y por último a Francisco Orellana. Al frente de este grupo va David Berdellàns, geofísico de la Academia de Ciencias de Cuba, compañero de la primera expedición cubana al Polo Norte, del cruce del Pongo de Manseriche en el río Marañón y otras inolvidables expediciones.
Otro grupo de apoyo dirigido por José Luis Padrón, ha salido previamente hacia Misahuallì, donde confluye el río de este nombre con el Napo, punto de inicio del largo viaje fluvial hasta el Caribe. Su objetivo es preparar nuestro primer campamento.
El tercer grupo lo integramos el grueso de los expedicionarios Indo americanos, que avanzaremos más de 100 kilómetros hacia el sur de la capital ecuatoriana, por las cuencas intandinas que separan en dos la gran cordillera que debemos cruzar hasta cerca de la ciudad de Puyo y, más adelante, continuaremos al pie de la Cordillera Galeras, el contrafuerte más oriental de los Andes ecuatorianos, rumbo Norte-nordeste hacia la Selva Amazónica.
Salimos de Quito el día primero de Marzo de 1987 bajo un cielo claro y sin nubes. Los primeros rayos del sol iluminan las cumbres del volcán Pichincha, de 4,783 metros de altitud, escenario de la batalla que, ganada por Sucre, sello la independencia del Ecuador. Aquí la geografía es siempre fuente de inspiración para los nuevos hijos de Bolívar en la aspiración de fundar nuestra gran patria Indo americana.
Quito se alza a 2,860 metros sobre el nivel del mar, en una extensa cuenca interandina, antiguo fondo de un lago desaguado. Desde la urbe capitalina el viajero puede contemplar la majestuosidad de las cimas volcánicas y nevadas del Cotopaxi y del Cayambe de 5,897 y 5,790 metros de altitud respectivamente.
Pronto el cielo se torna plomizo, poco después azul transparente y luego azul rotundo. Pasado los túneles que perforan las entrañas geológicas de la ciudad, surge a la izquierda el Quito Colonial, donde predominan las torres de sus iglesias barrocas; algunas como las de San Francisco, recubiertas de oro en su interior, obra de orfebres aborígenes.
Barrios enteros parecen escalar las montañas con sus casas blancas de teja rojas, dispuestas en altitudes y planos distintos que contribuyen a hace r de Quito, una de las ciudades más bella de América.
Hacia adelante se alza el Panecillo, del cual se dice fue un cerro sagrado de los súbditos del imperio incaico, coronado con un símbolo cristiano; una estatua colosal elaborada en aluminio de la virgen alada del escultor Bernardo de Legarda.
Se suceden los pueblos de Tambillo y Aloa, de donde parte la vía que pasa por Santo Domingo de los Colorados y atraviesa los Andes Occidentales rumbo al pueblo de Esmeralda en el Pacifico.
Hacemos el primer alto en el pueblecito de Machachì. El escultor ecuatoriano Pablo Guayasamín que gentilmente se integra al viaje, nos invita a desayunar exquisitos platos populares que vemos cocinar a la intemperie; `maíz tostado, plátano maduro, carne de chancho, choclo o maíz hervido, papa cocida en el caldero donde se fríe el cerdo, a la cual se les agrega el típico ají preparado con pimiento amarillo de Ambato y cebollas, todo molido y mezclado con las famosas y puras aguas de la fuente mineral de Guitig.
Saciado el apetito, reanudamos el viaje. Pasamos ahora por los fríos páramos y al cruzar el altiplano, se abre ante nuestra vista la hoya de Latacunga-Ambato.
Un notable cambio ecológico se produce al descender del altiplano, despoblado y hostil.
Llegamos al poblado de Latacunga, capital de la provincia Cotopaxi. En las afuera de la ciudad, admiramos la venta de cestas, hecha a mano; canastas, carteras, lámparas, objetos de piedras y una artesanía ancestral.