Por: ANULFO MATEO PÉREZ | 9:06 AMCATALEJO
Doña Berenice Mendieta era muy respetada por todos en el pueblo. Mujer hacendosa, había guardado su viudez de forma impoluta durante diez largos años.
Su amado esposo, Mario Canalda, había sido acribillado a balazos saliendo de la logia masónica. Seis meses antes, desoyó el llamado del Servicio Militar Obligatorio y al salir de la cárcel se le fue la lengua criticando al dictador.
La viuda sufría, además, por otro hecho que le taladraba el alma. Su único hijo se sintió asediado por agentes del SIM, justo nueve días después de dar cristiana sepultura a Mario. Luego, su vástago desapareció sin dejar rastro.
Pese a que era admirada en su infortunio, sus vecinos y amigos, aterrados por los hechos, hicieron mundo aparte, mirándola de reojo.
Doña Berenice sobrevivía a su pobreza porque hacía los mejores dulces del pueblo y los vendía a quienes, venciendo el temor, los solicitaban en la puerta de su casa.
Los domingos en la mañana rompía la rutina, ataviada con su largo vestido negro y, del mismo color, el infaltable velo que cubría su rostro, para escuchar la misa en un banco de la iglesia, que nadie más ocupaba.
Una noche, la vecina Flor atisbó que un hombre entraba sigilosamente a la casa de doña Berenice. Y a través de la ventana encortinada con visillo veía dos cuerpos en la penumbra que se confundían en un abrazo… y apagaban la luz.
Desde entonces, fue objeto de las más denigrantes y morbosas murmuraciones; las señoronas más recatadas, para mostrar su desprecio, escupían cuando se encontraban con ella camino a la iglesia.
Con estoicismo, doña Berenice resistía en silencio el vituperio de la crítica. Prefería la propagación del rumor calificándola de viuda alegre, que poner en riesgo la vida de su único hijo.




Excelente cuento, familia. No es el primero que leo suyo. Sólo pueden ser comparados con los de Juan Bosch.. Creo debía escribir alguno para publicarlos gráficamente... Eso que sucede alli es lo que pasa con frecuencia en los pueblos pequeños. De cualquier cosa la reputación se va al suelo... y mira era su hijo. un abrazo. Emmy
Permítame felicitarle, usted ha logrado algo difícil: Escribir un cuento tan corto, con tanta perfección. La viuda alegre tiene una gran dosis de suspenso y de impresionante secuencia. Su argumento es hermoso; recoge la cultura de aquellos tiempos en su país y retrata el inconsciente colectivo del que hablaba Jum. El final es un remate que apabulla y moviliza los sentimientos del más frio de los lectores. ¡Enhorabuena!
De nuevo, me sorprende gratamente su Catalejo, esta vez en el aspecto literario. Logró, en unos cuantos y concisos párrafos, hilvanar un relato electrizante, con una tensión in crescendo que se descarga como un rayo, sólo y solamente, en la última frase. Y todo ello, dentro de un marco histórico-político que resulta didáctico. Felicitaciones sinceras.
Le felicito doctor. Un excelente texto. Deja enseñanzas por doquier.
Eusebio.
¡Cuánto sufrió doña Berenice! y qué ejemplo de sacrificio y abnegación; propios de una buena madre, nos dá esa señora. Por el bienestar y seguridad de su hijo lo que, con inteligencia y discreción fue capaz de hacer, aún poniendo en entredicho la reputación que por tantos años y por una conducta intachable había demostrado. Eso es ser una verdadera MADRE. Mi respeto y admiración por esa gran dama y por todas las que como ella, sufrieron por la pérdida, ausencia, prisión y desaparición de sus seres queridos a causa de la intolerancia política que hemos padecido en nuestro país a lo largo de la história.