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Girón, su trascendencia 49 años después
Por: OMAR PÉREZ SALOMÓN | 10:34 PM

El 19 de abril se conmemora el 49 aniversario de la primera gran derrota del imperialismo norteamericano en Latinoamérica. Las pretensiones imperiales de destruir el ejemplo y la política de principios de la Revolución Cubana continúan presentes a través de operaciones encubiertas y otras acciones del gobierno de Estados Unidos. Pero la situación actual no es la misma que hace 49 años; varios gobiernos revolucionarios en el continente –Venezuela, Bolivia, Nicaragua, Ecuador- se enfrentan abiertamente al imperialismo y otros desconocen el tutelaje yanqui en la conducción de la política y la economía de nuestros países.

Desde mediados de 1960 cientos de mercenarios acompañados de instructores, oficiales de logística y de contabilidad de la CIA se adiestraban en Guatemala para atacar a Cuba. En julio de ese año el Consejo de Seguridad determinó aplazar el examen de la denuncia formulada por Cuba sobre agresiones a su territorio en espera de un informe de la Organización de Estados Americanos (OEA) sobre el particular.

El organismo supremo de la ONU aprobó, en definitiva, un proyecto de resolución presentado por Ecuador y Argentina que “ofrecía una fórmula conciliatoria que, al marcar un compás de espera, concedía un plazo para que se pudiese efectuar una reconciliación entre las partes”.
Además se tomó en consideración un memorándum presentado ante la OEA por el Departamento de Estado norteamericano en el que se acusaba a Cuba de “alterar la paz en el hemisferio a través de una maligna propaganda contra Estados Unidos”.

El rechazo de la solicitud cubana y la aprobación del proyecto de Resolución ecuatoriano-argentino constituyeron, de hecho, un estímulo a la agresión militar yanqui a Cuba que se cometió a mediados de abril del año siguiente.

Por su parte, el Departamento de Estado yanqui sostuvo que no existían campos de entrenamiento, ni se reclutaban mercenarios ni criminales de guerra. No reconoció tampoco que el Pentágono estuviese organizando tropas de asalto en Guatemala. Una gigantesca campaña de difamación y descrédito contra la Revolución se realizaba en paralelo a través de los medios capitalistas.

Actualmente, Cuba y Venezuela son los principales blancos de la maquinaria imperialista. Que nadie dude que tras las bestiales campañas mediáticas contra ambos países están los planes de intervención armada; los que a lo largo de la historia han olvidado o minimizado estos hechos han sido aplastados.

Resulta significativo que el propio 19 de abril, fecha en que comienzan las actividades para celebrar el bicentenario de la independencia de Venezuela y se reúnen en este país los presidentes de la Alianza Bolivariana para los Pueblos de Nuestra América, ALBA, el gobierno estadounidense y otras organizaciones vinculadas con la comunidad de inteligencia de Washington participen en un encuentro organizado por el Instituto Bush para coordinar la ciberguerra contra Cuba, Venezuela y otros países opuestos a los designios imperiales.

Campañas de desinformación por un lado, preparativos para una ciberguerra y bases militares en Colombia y otros países del área son hechos que no se pueden desconocer.

Playa Girón asombró al mundo pues en menos de 72 horas se logró derrotar a la poderosa maquinaria bélica norteamericana.

Los círculos políticos y la Administración yanqui buscaron una explicación al desastroso fracaso de Bahía de Cochinos; pero desestimaron el elemento decisivo y que definiría la victoria de las fuerzas cubanas: El apoyo a la Revolución y a su líder Fidel Castro por parte del pueblo cubano, que ya había hecho suyo las ideas de justicia social, dignidad y soberanía nacional.

Ante la escalada agresiva del actual gobierno de Estados Unidos contra los gobiernos revolucionarios de América Latina vale recordar las palabras de Fidel Castro durante la conferencia académica “Girón 40 años después”, celebrada en La Habana entre los días 22 y 23 de marzo del 2001:

“Yo estoy absolutamente seguro – eso lo digo aquí con toda franqueza – de que fue una gran suerte que esa invasión fracasara. Fue una gran suerte para nosotros, incluso también para Estados Unidos, porque Vietnam se habría producido en Cuba y no en Vietnam.

Estoy convencido porque recuerdo muy bien el estado anímico de nuestro país y porque conozco muy bien a nuestro pueblo – por eso le mencioné que parecía que habíamos salido de una empresa que parecía imposible, muy difícil-, se habría desarrollado una resistencia en que cientos de miles de hombres y mujeres armados y millones de ciudadanos habrían luchado con las tropas norteamericanas, porque detrás de las tropas vendría el empecinamiento, la cuestión de honor.

Nuestro país había tenido una experiencia de lucha de 10 años, de 1868 a 1878, cuando no había aviones, no había nada; pero heroica. Treinta años habían luchado y nuestro pueblo estaba impregnado de esa tradición y los que dirigíamos estábamos impregnados y habíamos logrado transmitirla a nuestra población”.