Por: MANUEL SALAZAR | 9:58 PMConcentración del poder, afección al desarrollo y la democracia.
Según encuestas hechas pública, 66 de cada 100 ciudadanos y ciudadanas consideran que la corrupción aumenta en el país, mientras que casi 60 de esos mismos 100 consideran que ahora hay más corrupción que antes. Más aún: 83 de cada 100, opinan que el perdón o la tolerancia con la corrupción se repite con más frecuencia.
¿Por qué es posible que esto ocurra y que daños hace? En primer lugar, porque hay una exacerbada concentración del poder político y en consecuencia demasiada discrecionalidad en el manejo de los recursos públicos. Una fuerza política lo concentra casi todo, y en segundo lugar, porque las restantes que hacen parte del Estado, bien en el Congreso Nacional o en los ayuntamientos y de las que se espera una labor de contrapeso, se relacionan con aquella mediante diversas vías, públicas y sutiles: el barrilito, negocios, contratos, concesiones, perdones a futuro, etc.
En casi 40 años, tres grupos políticos han dominado todos los estamentos del Estado y en los últimos 12 la tendencia camina a centrarse en dos.
Es la complicidad de los del sistema, parte consustancial de la reproducción del mismo. El barrilito por caso, involucra a los congresistas, que en un régimen republicano se supone deben fiscalizar y controlar al gobierno. Pero no pueden. Porque el gobierno lo controla y dispone todo, y ellos mismos precisan de barrilitos y facilidades para montar clientelas de votantes y reelegirse en las posiciones, en detrimento incluso de nuevos aspirantes a esas posiciones dentro de sus propios partidos. Han devenido en una especie de “Corda Frate” en la que aún perteneciendo a franquicias distintas, se reservan un área vital de tolerancias y apoyos mutuos y “difieren” en lo insustancial y aleatorio.
Todo esto daña la posibilidad del desarrollo, porque sustrae recursos que debieran ser invertidos en la producción para generar bienes y servicios masivos y de calidad, trabajo estable y bien remunerado, educación y salud, entre otros.
Daña el proceso democrático, porque genera desconfianza e irrespeto de la ciudadanía hacia las instituciones públicas que no castigan, no pueden evitar ni corregir desmanes tan a la vista como frecuentes.
Daña la moral colectiva, en tanto dice de manera clara que se puede obtener riqueza malhabida, sin que se reciba sanción alguna.
Dadas las circunstancias políticas actuales, la conclusión es una: hay que votar el 16 de mayo para romper la concentración del poder.
Colocados frente a esa necesidad, hay que llevar al Congreso a personas como María Teresa Cabrera, Fidel Santana, Secundino Palacios, Juan Hubieres, Higinio Báez, Eddy Bautista, Luís Méndez, Primo Iglesias, Luís Bencosme, Miguel Almonte, Antonio Pérez, José Dunker, Juan Marte, Heriberto Marte, Ramón -Niño- Mercedes, entre otros y otras candidatas y candidatos del Miuca-Acción por el Cambio, dispuestos a dar con el zapato sobre su curul, y como siempre, acompañar al pueblo en las protestas contra los desmanes de quienes ostentan el poder.



