Por: RAFAEL PINEDA | 4:26 PMMONTEVIDEO, Uruguay.- “El Bastardo” es una novela de Caonabo Peña publicada por la Editora Nacional de la República Dominicana en el año 2007. Tiene una extensión de ciento ochenta y siete páginas y su argumento trata de la vida y las penurias de José Angustia, un zapatero que nació “bastardo”. Es la lucha de este hombre por salir adelante en un medio donde se trata con hostilidad y desprecio a las personas de su estirpe, aquellas que se ven desamparadas por la familia. Es la historia de una víctima de la explotación y el abuso y de familias que se autodestruyen por los prejuicios de la época.
“Bastardo” es el término usado para las personas que no tuvieron padre conocido, fueron negados o registradas sólo por la madre.
El autor nos coloca ante las situaciones amargas vivida por una familia encopetada de principio de siglo veinte al nacerle un hijo bastardo.
Antonia, la madre de José Angustia, es rechazada por sus progenitores cuando se descubre que había ocultado un embarazo durante nueve meses, trayendo al mundo a un hijo ilegítimo, causa de la expulsión de don Nicomedes Algarrobo del exclusivo club social al que pertenecía; éste, ante el hecho vergonzoso decide abandonar el pueblo para no sentir el aguijón de la burla y el despecho de las familias “honorables”.
Los Algarrobos quedarían marcados para siempre, pasando de ser una de las familias privilegiadas, económicamente bien posicionadas y afectivamente queridas, a exiliados, objetados en los círculos de poder y relegados a padecer todo tipo de precariedades físicas y económicas.
José Angustia, quien recibió el nombre por haber nacido el día de ese santo y por la angustia que causó a todos aquella circunstancia, es protegido por los Urdaneta, doña María y don Julián, pero luego cuando estos emigran de República Dominicana a Puerto Rico, comienza su errancia de niño huérfano, hasta hacerse zapatero manipulador de la horma, los clavos, las puntillas, la chaveta, y luego ejercer diferentes oficios de obrero. Estudió los primeros años de la escuela, fue un joven súper inteligente a quien por su humilde condición se le cerraron las oportunidades que la sociedad sólo abría a privilegiados. Acarició los sueños de convertirse en un profesional, ser útil, arrojar el sabor de la ignorancia y en su afán por lograrlo se forjó el hábito de la lectura con obras fundamentales como El Quijote de la Mancha y El Hombre Mediocre.
La trama es aprovechada por Caonabo Peña para detallar los duros años de la dictadura, la crueldad de la explotación social, el régimen de desigualdad reinante. El patrón y nuevo protector de José Angustia, el Sr. Lorenzo, “pensaba que la educación era un privilegio que Dios le ofrecía a las clases privilegiadas, a la burguesía, a quienes podían mantener el poder económico; que jamás esta podía llegar a la clase humilde, a la clase desposeída, porque al superarse podían atentar con derribar la burguesía dueña y señora del poder político, económico y social” (Ob.citada,pag.66).
La novela transcurre en escenarios del Sur, el Este y el Cibao, en ésta última región describe paisajes estupendos y menciona lugares atractivos y de importancia histórica: la casa donde José Martí y Máximo Gómez firmaron el acta para la independencia de Cuba, los puntos de desembarco de Las Tres Carabelas y donde cayó ajusticiado el tirano Lilís, la fertilidad de la campiña, el monumento a los héroes de la Restauración (citado como “a los héroes de Santiago), las playas y los cocoteros de Puerto Plata, El Masacre, el Yaque. Los personajes se mueven, además, entre San Juan, Mosquitisol, zonas portuarias, El Maniel, Los Remedios.
En “El Bastardo” encontramos una exposición del tigueraje, la mala fe y la cultura del chanchullo y el engaño que durante años ha acompañado a un segmento de la población (generalmente analfabeta o analfabeta funcional): “En Rancho la piedra, Ciprián, Telemaco, y Serafín de una manera oculta y discreta, cada uno preparaba un dado para el juego de carabina, con un poco de plomo bien aplicado e invisible en el dado, también cada uno tenía un juego normal para uso del contrario. Ellos esperaban a Epifanio que terminara la cosecha de tabaco para invitarle a jugar”.
Esta novela reivindica las figura del hijo de nadie (el “bastardo”), el accionar de seres relegados y lugares comunes a la cultura rural del siglo veinte: el paso de la lechuza, el firme de la horma, la cañada del carrao, el paso de la cacata; y describe reiteradamente el frondoso bosque que cubría las tierras dominicanas y la protegía de la erosión, especialmente la laguna Gri-Gri, el Valle de la Vega Real y la ciudad de Constanza.
Resultan interesantes las abstracciones que hace Caonabo Peña de la conformación del barrio Borojol con negros o “cocolos” que llegaron amarrados, “tendidos en cruz en el fondo de una gran embarcación”; los orígenes del baile de los Guloya y particularmente me parecen interesantes los párrafos de los capítulo XVll y XVll donde se está describiendo la presencia del africanismo en territorio dominicano, los preparativos para inaugurar el Faro a Colón y la trágica noche final de la conmemoración del Quinto Centenario.
Más allá de que los editores no tuvieron dedicación para revisarla, causando que salten a la vista numerosos descuidos que perjudican la novela, “El Bastardo” ya forma parte del conjunto de obras nacionales y merece ser leída y debatida en las escuelas, universidades, centros culturales y medios de comunicación, donde seguramente van a relucir sus fortalezas y debilidades, pero se le estaría prestando la atención que merece la primera obra de un autor que ha dedicado su vida al trabajo cultural y que promete otros entronques literarios.



