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Nuestra desprotegida frontera boscosa ante la tragedia haitiana
Por: TEÓDULO ANTONIO MERCEDES | 6:21 PM

Nuestra desprotegida frontera boscosa en el tiempo de la tragedia haitiana.

Los arboles nacionales en todo el territorio que cubre nuestra frontera están siendo sometidos a una desproporcionada y acelerada tala y quema nunca ejecutada en nuestra historia.

Dicho corte sin tregua, esta siendo realizado por comerciantes haitianos que de día y noche atraviesan nuestra frontera, con la complicidad de socios nacionales que ofrecen el apoyo logístico y crean las condiciones para que luego de la tala, dicha madera sea convertida en carbón, lo cual cruza la frontera llevado por un equipo de hombres que de manera sigiloso y como hormigas lo trasladan al vecino país, donde en poco tiempo se comercializa y se distribuye en la devastada nación, carente de combustible y de carburantes con lo que puedan cocer sus pocos alimentos.

Algunas veces, el sigilio no es necesario y el demandado producto, atraviesa sin cobertura, escoltado por la CESFRONT, bajo el pretexto de ser parte de la ayuda al pueblo necesitado de Haití.

El negocio del carbón vegetal en el estado del oeste, no es producto del terremoto de magnitud 7.3 en la escala Richter, que impacto el vecino país el 12 de enero del presente año, tiene su origen, en los problemas energéticos que tiene la república de Haití, en sus tradiciones y costumbres, su precaria situación boscosa, así como en su bajo desarrollo económico y social.

La catástrofe de origen geotectónica, se ha convertido en un catalizador para el aumento de las demandas sin precedente de productos energéticos, por el colapso de las instituciones oficiales que imponían un control mínimo en esas actividades, al proporcionar por vías legales, cantidades mínimas de hidrocarburos.

Si analizamos las estadísticas de la isla de Santo Domingo, observamos que en 1925, la isla en su totalidad conservaba un 60% de su cobertura boscosa, con agua abundante y una agricultura no tribal, capaz de alimentar a la población. Sin embargo, a partir de ese año, en Haití se generó una voraz deforestación del país, lo que dio como resultado, que en 1950 sus bosques se habían reducidos a un 25%, en 1987 había bajado a 10%, en 1994 a 4% y hoy, según los especialistas, el suelo boscoso está 1 y 3%.

El camino de la República Dominicana con relación a su foresta ha sido menos sinuoso, lo cual relata el antropólogo Jared Diamond en su libro “Colapso” (2005), donde ilustra el comportamiento del estado post trujillista, donde con medidas apropiadas como: ”mantener las fuentes de agua boscosas para poder afrontar las necesidades energéticas de la República, mediante la energía hidroeléctrica (construimos 20 presas), garantizar el agua para las necesidades domésticas e industriales, cerrar todos los aserraderos, declarar la tala ilegal un crimen contra la seguridad del Estado” etc., permitieron que la conservación de nuestra foresta, se encuentre entre un 33 -43 %. Al mismo tiempo, nuestro consumo de combustible ha crecido a tal magnitud que hoy utilizamos 145,000 barriles de petróleos diarios, frente a 11,000 barriles diario, que necesitaba nuestro hermano país antes de la catástrofe, ambos con densidades poblacionales equivalentes.

Aunque el crecimiento de los precios del barril de petróleo de los últimos años, actúa de manera desfavorable en ambas economía, en la haitiana, el impacto es mucho mayor.

En Haití, los precios de los hidrocarburos obligó a los hogares y pequeñas empresas que usaban gas o querosén para cocinar, a cambiarlos por carbón o leña, un golpe mortal para un territorio ya casi sin árboles. Con ayuda del Banco Mundial, se desarrollaban programas para introducir más y mejores cocinas a gas, para aliviar la presión sobre los árboles que dan leña y carbón, y preparar alimentos de manera más eficiente y limpia. Pero con los precios situados en torno a los 60 dólares por barril en los mercados internacionales del petróleo, "es muy difícil que la gente crea que el consumo de leña y sobre todo de carbón es más costoso”, explicaba un ex ministro de Medio Ambiente de Haití.

Con semejante situación energética, ¡¡¡antes del terremoto!!! el deseo de progreso y desarrollo de la nación Dominicana debe estar acompañado con una policía de estado eficiente y clara, porque las razones de la pobreza extrema se encuentran en un manejo inadecuado del medio ambiente, siendo un país que por su situación de continuidad geográfica, un lugar ambientalmente vulnerable, por la presencia al oeste de un estado deforestado.

¿Cómo podremos evitar la continuación de tala y quema de arboles en la frontera, donde quienes lo realizan en los dos países se encuentran en la extrema pobreza? Pero uno de ellos, al momento, no dispone de ningún tipo de combustibles, de gas o querosén.

¿Cómo controlaremos la ley económica de la oferta y la demanda, en un país que la demanda de carburantes en los momentos actuales se convierte en necesidad primaria de la especie?

¿Cuándo vamos a ponerle coto a los incendios forestales y a la tala sin reforestación? ¿Cuándo vamos a sembrar más árboles? ¿Cuándo vamos realmente a colocar a producir las tierras ociosas, aprovechando y protegiendo a nuestros recursos hídricos?

¿Qué política de estado se elabora, cuando la invasión pacífica a territorio nacional es un hecho, lo cual presiona al aumento del consumo del carbón vegetal con los nuevos habitantes, pero de igual manera, la proliferación del conuquismo en nuestras enquistadas montañas?

¿Dicho combustible, acaso no ha estado en aumento, al margen del terremoto con los precios alcanzado en el país por el gas licuado?

La tragedia haitiana no puede ser una clarinada a la conciencia nacional para que asumamos su impacto ambiental, por medio de la compasividad que nos conduzca a la la inactividad, o el pretexto de la búsqueda insaciables para nuevos prestamos internacionales, esta vez con excusa de ser para el cuidado de la frontera terrestre, como se pretende, aérea, como se realizó, o médica, por las vacunas que serán necesarias.

En definitiva, la solución a la experiencia histórica de fracasos de Haití, se realizaráa cuando ellos asuman su propio destino impulsando una transformación eficaz que le permita a ese pueblo transformarse y desarrollarse.

Por el momento, la nación dominicana está en el deber de poner en ejecución planes ambientales apropiados que impidan que nuestros pueblos lleguen a los niveles del haitiano, dentro del marco de la ayuda y comprensión de la situación nacional e internacional.

Fuera de los proyectos de contingencias mediáticos que se deben elaborar, existen planes y acuerdos realizados con sus fondos que necesitan de su reactivación y aceleración, que ayudan en lo estratégico a solucionar la crisis mediática que se expande en los dos países, entre ellos están la puesta en ejecución de la Estrategia de conservación.

Según Global Biodiversity Outlook, el 12 por ciento de las aves del mundo estaban en peligro de extinción, para reducir significativamente la tasa de pérdida de diversidad, se crearon los corredores biológicos, los cuales son definidos como: “un espacio geográfico delimitado que proporciona conectividad entre paisajes, ecosistemas y hábitat, naturales o modificados, y asegura el mantenimiento de la diversidad biológica y los procesos ecológicos y evolutivos”. Por su interés regional, mencionamos el corredor en las Antillas:

Se elaboró con el concurso de los ministerios de Medio Ambiente de Haití, Cuba y República Dominicana y con el apoyo del Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA). Consiste en conferirle categoría especial a 61 áreas protegidas de los tres países que lo conforman.

“¿Qué especies estarán protegidas?

Las gaviotas o bubíes (anous stolidus, sterna fuscata y sterna antillarum) que anidan en los cayos Los Siete Hermanos, de la provincia Montecristi, y en Alto Velo, de Pedernales; y los cangrejos moro (gecarcinus ruricola), del manglar (ucides cordatus), y paloma de cuevas (cardisoma guanhumi), en Montecristi y Pedernales, en República Dominicana y en Cuba.

También, el lambí (strombus gigas) que se reproduce en el Parque Nacional Jaragua, en Pedernales; en la zona costera de Montecristi y en el Parque Nacional Desembarco del Granma, en Cuba, así como las tortugas marinas que se reproducen en las costas del suroeste de Cuba, el noroeste y suroeste de Haití y el suroeste de República Dominicana.

De las siete especies de tortugas marinas que habitan en el mundo, cuatro escogen las costas dominicanas para poner sus huevos, lo que le confiere importancia capital a este territorio. Ellas son las tortugas carey (eretmochelys imbricata), tinglar (dermochelys coriacea), verde (chelonia mydas) y caguamo (caretta caretta).”

Dicho programa contempla protección del cocodrilo americano (crocodylus acutus); el diseño de un plan de manejo del Parque Nacional Lago Enriquillo, en donde existen concentración de ellos, al igual que iguanas y aves, entre las que se destacan garzas y flamencos; y el desarrollo de un circuito turístico para los lagos Enriquillo y Azuei que integre a las comunidades como beneficiarias.

De igual manera, el plan contempla el control integral de los manglares del noroeste de Haití, donde hay una significativa presencia humana que se dedica a la tala de arboles, lo que impide las reproducciones de las especies.

Además incluye un diagnóstico para las playas y la protección de los pastos marinos y los arrecifes coralinos por ser fuentes de una gran diversidad de recursos pesqueros de calidad.

Los arrecifes coralinos son una de las principales fábricas de arena para las playas y protegen las costas contra la erosión producida por el oleaje.

En dicho Corredor Biológico donde se evidencia una cobertura boscosa degradada, que afecta principalmente a las especies endémicas y nativas debido a la fragmentación o pérdida de hábitat. (Caso Haití), se tiene contemplado un Plan Trasnacional de Reforestación.

Otro plan de gran magnitud fue firmado el 20 de septiembre de 2008, entre el secretario de Estado (ministro) de Medio Ambiente y Recursos Naturales de República Dominicana, (1) el ex vicepresidente Jaime David Fernández Mirabal, y su homólogo del vecino Haití, Jean Marie Claude Germain, (2), donde las naciones caribeñas firmaron una declaración conjunta que busca aunar esfuerzos bilaterales para proteger los recursos naturales de la isla La Española, sobre todo en la zona fronteriza, apoyando el Programa Medioambiental Transfronterizo (PMT).

Dicho programa contempla la reforestación de la frontera y cuyos montos para la ejecución se encuentran en el Plan Nacional Quisqueya Verde.

La secretaria de Medio Ambiente en lugar de continuar con actividades en áreas conflictivas socialmente, debe deponer su actitud y volcar sus actividades en lugares de mayor trascendencia por las presiones ambientales que ocasionan los desplazados en su diario vivir y la búsqueda de su sustento.

De igual manera darle seguimiento a los planes ambientales señalados con el propósito de mitigar hasta donde sea posible, el impacto del sismo en los terrenos fronterizos.

Esta es la ayuda efectiva y eficaz que necesita el dominicano y también el sufrido pueblo haitiano a la hora en que se discute su destino, porque al no acudir en el tiempo preciso podría hacer posible un impacto ambiental de proporciones catastrófica a corto tiempo, lo que para su mitigación nuestra fuerzas económicas y sociales no serán capaz de revertir.

Teódulo está lanzando una clarinada: Nuestra frontera no está protegida y usando como pretexto el terremoto, nos encaminamos hacia una haitianización étnica, económica, cultural y ambiental, cuando despertemos será demasiado tarde.

Juan Adamez , San juan