Sábado  15 de Agosto de 2026 | Última actualización 01:26 PM
Interrogador de los 12 años
Por: ANULFO MATEO PÉREZ | 10:12 AM

CUENTO

El oficial vestido de civil irrumpió en el cuartito del cuartel policial, donde apenas había un viejo archivo de madera, un escritorio de caoba que parecía pieza de museo y dos sillas de metal.

Malhumorado, el jefe local del SS ordenó sentarse al prisionero, mientras él se acomodaba en la otra silla, pero al revés, descansando los brazos en el respaldo. Sin parpadear, fijó la mirada en los ojos del adolescente y pasó a interrogarle:

—¿Sabes por qué estás aquí? ¡Tu ficha ha desaparecido de ese archivo! ¿Qué sabes tú de eso, eh? ¡Ustedes los comunistas son peligrosos!, ¿cómo lograste sacar eso de aquí? ¡Dime!

—No se de que usted me está hablando. Nunca había estado en este lugar, hasta el día de hoy. Ni siquiera sabía que yo tenía una ficha.

—¿No me digas? ¿Y la foto que te tomamos la primera vez que tuviste detenido, para qué era? ¿Para publicarla en El Caribe y felicitarte por tu cumpleaños? Hasta que no respondas no te vamos a soltar, ¡¿oíste?!

Molesto, sacó su pistola calibre 45 que portaba por debajo de su guayabera y la puso encima del escritorio, fanfarroneó un poco y como si hubiera olvidado el arma, se marchó del cuartito para acudir al llamado de un subalterno.

Al regresar, murmuró: —¿No dizque tú eres guapo, por qué no tomaste la pistola? De inmediato sacó el cargador del bolsillo derecho de su pantalón para ajustarlo a la mortífera arma. Y agregó: —¡Qué suerte tienes, te llegó el habeas corpus!

Años después, los papeles se invirtieron: El oficial fue sentado frente al ex prisionero y éste —mirándolo fijamente— pasó a interrogarlo: — ¿Dígame su nombre y apellidos, número de cédula, edad, dirección actual...?

—Yo no me acuerdo de esas cosas. Mariana… respóndele al médico.

Hola Doctor! Cuánto me he reído con esta anécdota suya. Esa es una de la equivocaciones que cometemos los mayores con los jóvenes; sólo que el tiempo se burla de todos y sólo nos quedan vagos recuerdos en nuestra memoria; y más cuando no queremos o no nos atrevemos a recordar.

MF

Mercedes Farias , NY