Por: LUIS RAMÓN DE LOS SANTOS (Monchín) | 1:37 PMLos pueblos de mi país tienen características especiales que los definen y diferencian, no siempre lo azul es igual en todas partes; tomando eso como parámetro me dispuse a investigar con mucho respeto las diferencias y particularidades de los velatorios y los entierros y de la fascinante y al mismo tiempo la extraña afición de visitar los cementerios. ¿Qué se puede ver en un cementerio? Nada y todo, es la morada final adonde estaremos quietos y silentes hasta que se cumplan las profecías.
Como si fuera una rara película, me llegan a la mente mis visitas al cementerio principal de San Juan (único para la época) del brazo de mi abuela Marina; ella iba a visitar a sus muertos del alma, yo que nunca conocí a ninguno disfrutaba de ese paseo necrológico como si fuera una visita al parque Sánchez, de verdad disfrutaba visitar al cementerio, sentir su olor característico que hoy defino como de lirios muertos o rosas marchitas, caminar por sus estrechas calles, sin pensar en que un día, cualquier día, ese cementerio iba a albergar mis restos mortales, era un raro deleite, claro, para esa época no se pensaba en cremación; al fallecido había que enterrarlo entero y completo.
Esa aparentemente extraña afición tuvo su explicación hace algunos años cuando estando en Europa vi un folleto de viajes que contaba entre sus actividades más importantes un "Tour por los cementerios más emblemáticos de Madrid y Paris "sin pensarlo dos veces, me inscribí en el mismo, llegando a la conclusión de que un cementerio no es solo un lugar para enterrar muertos, sino un elemento importante de la historia de los pueblos y su gente.
Créanme si les digo que fue fascinante ver la tumba de Charles de Gaulle en Paris y la de Rafael Leonidas Trujillo Molina en el cementerio de El Pardo Mingorrubio de Madrid; eso explica también porque mi primera actividad turística en Buenos Aires fue visitar la tumba de Carlos Gardel en el cementerio de La Chacarita y la del Dr. José Gregorio Hernández Cisneros en el Cementerio del Este de Caracas.
Los dominicanos tenemos un cementerio lleno de historia: El Cementerio Nacional de la avenida Independencia, en Santo Domingo; allí reposan los restos de importantísimos dominicanos y extranjeros, patriotas, científicos, estadistas, músicos; si bien hoy día no está prestando el servicio para el cual fue creado, dentro de sus instalaciones no hay un lugar donde se pueda ubicar la tumba de alguien conocido.
Por insólito que parezca las prestadoras modernas de planes turísticos incluyen en sus folletos los tours por los cementerios conscientes de un cada vez más creciente deseo de la gente de conocer a sus grandes vivos cuando son ya sus grandes muertos, como dijo alguna vez Federico Henríquez y Carvajal: “¡Oh, América infeliz, que solo conoces tus grandes vivos cuando son tus grandes muertos!”.
Conocer ese tipo de actividad y llevarla a cabo siendo adulto me quitó un gran peso de encima: pensar que desde chiquito yo era “medio loco”.




Error amigo, la tumba del Dr. José Gregorio Hernández Cisneros nunca ha estado en el Cementerio del Este de Caracas. Cuando murió en 1919 lo enteraron en el Cementerio General del Sur. Luego pasaron sus restos a la Iglesia de la Candelaria donde reposan actualmente.
Alfredo Gómez,
Caracas Venezuela