Por: LUIS RAMÓN DE LOS SANTOS (Monchín) | 1:25 PM-CONCLUSION-
Llegaron la gente del Jefe, así decían los sanjuaneros cuando los autobuses que los trajeron de Ciudad Trujillo, entraron a San Juan, eran dos "guaguas" de la capital repletas y precedidas por un vehículo del Ejército Nacional. Los apearon frente a la Gobernación Provincial y allí fueron censados y despachados hacia la comunidad rural conocida como Sabana Alta, supongo que ninguno se imaginó lo que les venía de ese momento en adelante.
Trujillo, a través de la Secretaria de Estado de Obras Publicas y Comunicaciones, había ordenado la construcción de casas de asbesto cemento, dotadas de tres habitaciones, cocina a medio equipar y un baño, algunas sólo tenían dos habitaciones, estas fueron ocupadas por los solteros.
Me contaron, los que luego se convertirían en los "españoles de mi casa“, que esos receptáculos eran verdaderos infiernos en la tierra, el calor acumulado en las planchas de asbesto cemento no les permitía ni respirar, no olvidemos que venían de España donde el verano jamás se podría comparar con el nuestro, rabiosamente tropical.
Del asbesto cemento hoy se sabe que contiene elementos cancerígenos, su uso ha sido prohibido en muchos países, y no tuvo que pasar mucho tiempo antes de que muchos de ellos padecieran de ulceraciones en la piel, trastornos del sueño y en el peor de los casos, un tipo de cáncer llamado "Mesotelioma".
El tema fue tratado con las autoridades gubernamentales de la época, sirviendo como vocera de los inmigrantes una mujer muy singular llamada Pepita Cantalapiedra; doña Pepita era gallega, de malas pulgas y muy mal hablada, su singular anatomía era con frecuencia objeto de murmuraciones; yo la conocí y la recuerdo con un trasero monumental, senos enormes, cara ancha y sonrisa permanente.
Ella hablaba el español salpicado con una sarta de malas palabras que quizás para la época eran de uso común sólo en personas de poca educación, pero que con el tiempo se hicieron cotidianas en el mensaje común de los sanjuaneros; eso de "cagarse en Dios, en la leche y en la hostia" por sólo citar un ejemplo que adquirieron en poco tiempo los serie 12.
Como producto de esa reunión entre doña Pepita y los jefes provinciales, se autorizó a los españoles a buscar por su cuenta casas en la ciudad de San Juan de la Maguana o secciones aledañas, cuyo alquiler iba a ser cubierto por el gobierno, hasta que estos se emanciparan económicamente; muchas familias se mudaron en San Juan, otras se quedaron en Sabana Alta, coloquialmente llamada "La colonia" por los españoles.
En poco tiempo pudo verse por las calles de San Juan, una parte de ellos vendiendo cal viva, carbón y tierra negra; otros miraron hacia distintos horizontes y fueron contratados por hacendados y terratenientes; con el tiempo pusieron algunos negocios, como por ejemplo Jesús Diez Martín, Segundo Vicario, Luis y Domingo Martin, quienes instalaron en una casilla del Mercado Publico municipal una moderna carnicería, primera en San Juan en vender carne molida, que hoy suena sencillo, pero para la época era toda una novedad.
Recuerdo uno de esos españoles llamado Alejandro Hoyuelos, que instaló en el mercado un pequeño puesto de churros, era toda una delicia visual ver salir el churro de una especie de manga, ser roceado con azúcar, y todo por dos centavos. Alejandro moriría en un lamentable accidente automovilístico algunos años más tarde.
Un dato interesante de esa inmigración y que quizás haya sido pasado por alto, es que varios de esos españoles se casaron con reconocidas profesoras sanjuaneras y puedo citar a Segundo Vicario, quien caso con mi tía Migdalia Figuereo (Minón), José Santana con María Tejeda y Pepe Castaños con Gladys Bautista, por sólo citar tres ejemplos.
Me llegan a la memoria con mucho cariño las familias Casanova, Santiago, los Hernando, Emiliano y hermanos mandados a buscar por este a España y otras que hoy se escapan de mi memoria, ya algo desgastada por los efectos naturales del tiempo transcurrido y de la edad.
Quien tenga otros datos inadvertidamente omitidos por quien esto escribe, que los revele; no se puede negar que esos "Españoles sanjuaneros" de alguna forma transformaron nuestra cotidianidad, aún fuera a costa de sus malas palabras, su forma de trabajar y encarar la vida con valentía; no es fácil dejar su país y eso lo digo con profundo conocimiento de causa, su gente y sus costumbres...



