Por: PABLO ENCARNACIÓN DE LA ROSA | 4:08 PMEl terremoto haitiano, es sin dudas una tragedia sin precedentes en la historia reciente de esa hermana nación. Este país (Haití), el país más pobre del Hemisferio Occidental, atraviesa ahora por el dolor de perder a un indeterminado número de sus ciudadanos y ciudadanas, así como a sus mejores edificaciones públicas y privadas, a causa del terremoto de 7.3 grados en la escala de Richter, ocurrido en la tarde del pasado martes 12 de enero.
Sin embargo, más allá de la pena, de la desolación que causa este hecho inevitable de la naturaleza, no es menos cierto que esta tragedia plantea una inmensidad de oportunidades para iniciar de manera profunda y significativa el proceso de “construcción” de esa nación hermana que antes de este hecho carecía de las principales infraestructuras físicas y las instituciones que hicieran de Haití, un Estado viable.
Representa por tanto un reto para que la comunidad internacional, incluyendo por supuesto a la República Dominicana y las incalculables ONGs que durante décadas han estado viviendo de la miseria haitiana, sin presentar al final de cuentas soluciones que ayuden a resolver, no sólo el problema haitiano, sino las múltiples carencias de la República Dominicana, se involucren en un proyecto serio de reconstrucción de la República de Haití.
Es el momento ideal para que aquellos países que apuestan por el proyecto de fusión de las dos naciones que comparten la isla, se empleen a fondo en la búsqueda de soluciones reales a la tragedia haitiana que se acentúa con la ocurrencia de esta catástrofe de dimensiones tan significativas y que viene a acelerar el requerido proceso de reconstrucción prácticamente total del vecino país.
Si analizamos la perspectiva económica de la nueva situación haitiana (la causada por el terremoto), es previsible que cuando la comunidad internacional se emplee a fondo en el propósito de ayudar a este país (Haití) –como esperamos todos/as que sea–, en Haití se crearán las fuentes de empleo que pudiéramos considerar suficientes para ocupar la abundante mano de obra haitiana, en el proceso de construcción de todas las obras de infraestructura que habrán de ser realizadas en ese país.
Además de Haití, saldrán gananciosos de todo el proceso de reconstrucción a que aspiramos todos los que de una manera u otra sufrimos el malestar haitiano, pues partiendo de que en Haití, prácticamente no existen instituciones o empresas con la capacidad de llevar a cabo el proceso de reconstrucción al que nos referimos, podemos asumir que muchas de las empresas constructoras dominicanas serán contratadas para trabajar en el proceso, donde seguirán teniendo la oportunidad de cultivar todo su potencial de solidaridad, pues el respaldo al pueblo haitiano no puede limitarse a este momento de emergencia.
Es de esperarse también que la generación de los espacios laborales que creará el proceso de construcción del hermano país, dé un respiro a la migración económica de haitianos a la República Dominicana, con lo cual podemos esperar un encarecimiento del sector construcción en la parte este de la isla.
El autor cursa un doctorado en la Universidad Complutense de Madrid.




Amigo, es muy buen trabajo el que has presentado. Felicidades y sigue produciendo... Abrazos....