Domingo  16 de Agosto de 2026 | Última actualización 01:26 PM
Deberían estar presos
Por: JUAN TAVERAS HERNANDEZ | 8:09 PM

Sembraron el territorio de estaciones de combustibles para favorecerse y favorecer a sus relacionados. El gasoil y las gasolinas formaron parte de los negocios irregulares de grupos económicos, políticos y militares.

Permitieron alrededor de cien mil puntos de drogas en calles y callejones a lo largo de todo el territorio nacional. El tráfico y el microtráfico de estupefacientes era descaradamente público. Los agentes de la Dirección Nacional de Control de Drogas, de las Fuerzas Armadas y de la Policía formaban parte del lucrativo negocio.

Nombraron en el Estado a miles de “compañeros”, esposas, amantes, amigos y familiares, sin dar un golpe de barriga, de karate o de tambora, elevando la nómina pública de manera escandalosa. Gente cobrando 10 y 15 mil dólares mensuales caminando en el parque, ejercitándose en un gimnasio o haciendo chistes en una esquina.

La corrupción se llevaba todos los años más de 200 mil millones de pesos ante la mirada fría e indiferente de las autoridades, principalmente del Ministerio Público convertido en un comité de base del partido.

Durante 20 años un escándalo de corrupción superaba y sustituía el anterior sin que en ninguno se hiciera justicia. La impunidad era la característica de los gobiernos morados.

Instituciones como Participación Ciudadana denunciaban en vano los actos de corrupción recibiendo como respuesta el silencio o la andanada de improperios de los funcionarios y de las bocinas siempre con sus armas en ristre para disparar contra la decencia y la pulcritud.

El ministerio de Relaciones Exteriores se llenó de embajadores sin embajadas, de cónsules sin consulados, muchos de los cuales no viajaron nunca, no tenían visado y en muchos casos no sacaron ni siquiera pasaporte. La cancillería se convirtió en un prostíbulo. El Palacio Nacional en una pasarela de prostitutas y proxenetas que tenían la libertad de entrar en todos los despachos sin pedir permiso.

Las mega divas o “chapeadoras” entraban y salían como “perro por su casa”; los escándalos de faldas no cesaron nunca. (Según la Biblia, Sodoma y Gomorra fueron dos ciudades destruidas por Dios con fuego y azufre caídos del cielo por sus terribles pecados. No sé porque no ocurrió lo mismo durante los gobiernos del PLD. Tal vez porque Dios no existe o porque dormía la siesta durante los últimos 16 años)

Pocas, poquísimas instituciones del Estado no se corrompieron. Pocos, poquísimos funcionarios, no se enlodaron en el fango.

La historia reciente no registra un periodo de corrupción y desenfado como el que vivimos durante la Era del PLD. Y esos señores tienen el tupé de salir a la calle, de ir a los medios de comunicación a defender su ruindad. Y lo peor, hay quienes los escuchan y hasta lo protegen. (¡Manda fuego señor! Te lo pide un ateo confeso como yo)

PD: El secretario general del PLD, Charlie Mariotti, dice que el gobierno de Luís Abinader, un hombre trabajador, decente y honrado, “da pena”. Y los gobiernos inmorales y corruptos de su partido, ¿qué daban? Pregunté. Y mi compañero y hermano George Rodríguez respondió: ¡Asco y vergüenza!