Por: LUIS RAMON DE LOS SANTOS (Monchín) | 8:45 PMHasta donde yo recuerdo, mis primeras vivencias auditivas de boleros, que en su época fueron emblemáticos, se remontan a los años medios de la década de los 50s. Mi casa situada en la calle 16 de agosto, entonces numero 44, era contigua a la de mi pariente Rosalina Canó Salvador y su madre Teolinda, tía de mi abuela Marina.
Eran casas de sobria estructura física, techada de canas la mía y de zinc la de la tía Teolinda, a quien cariñosamente llamábamos Tiola. Nos separaba una especie de callejón lleno de piedritas pequeñas al cual accedíamos los niños de la casa para diferentes actividades, mi hermana y primas hermanas para jugar con sus muñecas y yo para escuchar la música que salía de un moderno radio y toca discos marca Philips que estaba en la casa de Rosalina.
Haciendo una retrospectiva, yo tendría para la época escasos 6 ó 7 años, sin embargo, no podía ya entonces sustraerme al goce espiritual de escuchar a Johnny Albino y su trio San Juan con sus "7 notas de amor" y su "Camino verde", el mismo ..."que da a la ermita y por el valle se pierde"..., y a un señor argentino, al que ya de adulto y locutor conocí en el cafetín Marruecos de Buenos Aires, llamado Gregorio Barrios.
Gregorio y Johnny Albino llenaron mis tardes infantiles de una música de inigualable belleza, de la cual años más tarde se llenarían "mi corazón y mis recuerdos", a quien no se le arrugaría el alma misma con el bolero titulado "Final", inspiración del argentino Ben Molar o el melancólico "Mi carta", de Hugo Romaní.
La época de la que les hablo no estaba musicalmente contaminada; de Cuba, Puerto Rico, Argentina, Colombia, Venezuela y México nos llegaba lo mejor. Estados Unidos nos arrobaba con la íntima cadencia del piano y la voz de Nat King Cole, y Los Platters nos llevaban lejos con su "Only You" y su "Great Pretender", y qué decir del lacrimógeno lamento que salía de la garganta de Brenda Lee, cuando nos lanzaba como saeta directa al corazón su plegaria titulada "I’m sorry".
Obviamente, Lucho Gatica no se quedaba sin invadir nuestras defensas sentimentales con su emblemático "Vida mía", muy popular entonces, y estrenada en Ciudad Trujillo en el 1956.
Esos años 50s., en los que empezaba a despuntar mí nunca trasnochado amor por el bolero, fueron el inicio y la continuación, nunca el final, de mi largo rosario de melancolías...



