Por: Luis Ramón De los Santos (Monchín) | 9:11 PMPor primera vez en una semana he podido estar de pie sin la ayuda de un bastón. Me propuse desafiar a mi tercera pierna y lentamente camine hacia el computador para escribir estas líneas. No me culpen si de pronto los potentes calmantes empiezan a hacer efecto en medio de esta crónica, que no tiene más motivos que agradecer a mis hermanos sus oraciones en procura de mi total restablecimiento.
Justo a las 12:20 de la tarde el día de Nochebuena una yipeta (aquí le llaman SUV) se estrelló en la puerta delantera derecha de mi modesto Nissan Máxima. El golpe fue seco, violento, de repente. De pronto me vi literalmente volar por los aires y caer con el frente hacia el lado contrario como si inadvertidamente hubiera dado una vuelta en redondo. Casi de inmediato la escena se llenó de curiosos, claramente escuche la voz de una mujer cuando dijo: "Coño se mató", dentro del carro destruido esta yo, amarrado al cinturón de seguridad, con la bolsa de aire explotada en mi pecho, cientos de vidrios desprendidos del cristal delantero clavados en mi cuerpo, bañado en sangre y casi en posición fetal.
La posición en que quedó mi cuerpo les dio a los paramédicos y bomberos que acudieron en pocos minutos a la escena de lo que parecía un cuadro dantesco la idea de la velocidad a la que venia quien se me estrelló. Hasta este momento no se quién fue, cómo fue, qué vehículo manejaba, ni las razones que tuvo para no frenar a tiempo precisamente el día de Nochebuena. Alguien me comentó después que una SUV había sido la causante de este desastre.
Afortunadamente el cristal de la ventana trasera se había roto y por allí personas a las que estaré eternamente agradecido introdujeron rollos de papel servilleta con los que limpiaron mi cara e hicieron tapones para detener el constante flujo de sangre que salía de mi cabeza. No se atrevieron a retirar el vidrio que tenía alojado allí por temor a lastimarme más.
Dentro de ese amasijo de cristales y fierro estaba yo, el asiento delantero derecho, justo donde fue impactado mi vehículo casi se junto con mi asiento comprimiendo mi cuerpo que quedó con las costillas prácticamente incrustadas en la caja de los cambios, de ahí que la principal fractura fuera el desplazamiento de tres costillas. Las cerraduras de mi vehículo quedaron trancadas, y para sacarme de ese revoltillo mortal, los bomberos trajeron una sierra eléctrica, desprendiendo los goznes de la puerta y sacándome de prisa, ya que se llegó a temer que las chispas de la sierra provocaran un incendio si llegaban al tanque de la gasolina.
Escuche llantos, escuche a gente a las que jamás había visto decir que el 24 de diciembre era un día muy malo para morir, alguien, lo recuerdo perfectamente, decía que "ese si se salva queda por lo menos invalido ". Los paramédicos actuantes en el caso habían cortado mi camisa y abrigo para examinarme el pecho, y pensar que la temperatura ese día estaba en 20 grados, gélido el ambiente, gélido mi espíritu, gélidas mis esperanzas de sobrevivir.
Como medida de precaución tengo en mi celular los números de mi esposa, hijos y amigos cercanos expresamente identificados con una estrella, eso se hace para que en caso de emergencia los paramédicos puedan contactar a las personas cuyos nombres tengan esa identificación.
Al llegar a la emergencia del hospital de Framingham, ciudad donde vivo desde 1990, perdí el conocimiento y sólo lo recobré cuando ya estaba instalado en una camilla, en ambos brazos sendas agujas por las cuales entraban sueros, antibióticos y tranquilizantes y sangre, el pecho con unos electrodos que les permitían a los médicos monitorear cada cambio en mi condición.
Cuando abrí los ojos vi gente querida, ya me habían lavado la cabeza y el cuello, haciendo desaparecer la sangre, habían retirado gran cantidad de vidrios y en la camilla en la que estaba acostado me llevaban a toda prisa a la sala de rayos X y exámenes de resonancia magnética.
Casi a las 8:00 de la noche uno de los médicos actuantes entró a la sala donde me encontraba para informarme que mis enzimas hepáticas estaban subiendo alarmantemente y que me iban a trasladar a otro hospital por si tenían que intervenirme quirúrgicamente, otra vez en ambulancia, otra vez la incertidumbre, otra vez la cara amenazante de la muerte...
Las instalaciones de la UMASS Hospital en la cercana ciudad de Worcester donde fui llevado de emergencia son impresionantes, es un hospital especializado con enfermeras regordetas y médicos chinos. Allí me trataron el asunto de las enzimas sin muchos resultados y cuando todo parecía indicar que me iban a operar una joven me informó que una amiga quería verme, se trataba de Arelis, la esposa de mi amigo y hermano Julio Lapaix Butten. Arelis puso sus manos en mi vientre, musitó una oración, me entregó a la voluntad del Señor y despidiéndose me dijo: "Monchín no temas, Dios está contigo". Pocos minutos después trajeron el resultado de la última prueba requerida para saber si me operaban a no: ¡Las enzimas estaban bajando y casi estaban en su punto normal!
Setenta y dos horas fueron decretadas por los médicos para mandarme a la casa con una enfermera de cabecera que me estaría monitoreando, administrándome fortísimos calmantes, relajantes musculares, chequeo de la presión arterial y de la orina a fin de detectar sangre en la misma.
Hoy 31 de diciembre escribo estas líneas para agradecerle a Dios Omnipotente haberme dejado un “tiempecito” más, escuchando boleros; a los bomberos, paramédicos, médicos y enfermeras de los hospitales de Framingham y Worcester y a Julio y Arelis Lapaix, José Ramírez, Juan Benzán, Luis Johvanil, Chino Caamaño, Anulfo Mateo, Victoria Montes de Oca.
También a Olga Bloise, Emilio Valdez, Tobías León, Alba Aurora Del Vilar, Rossy De los Santos, Víctor José Peralta, Sonia Peralta de Piña, Luis Alfredo Martínez, Franklin Domínguez Cruz, Yonis Gómez, Ramón Cajuste, José Francisco Núñez , Arturo López, José María Ogando y a tantos otros amigos y hermanos por sus oraciones y buenos deseos.
Hoy estoy más convencido que nunca, en que se necesita toda una vida para vivir y sólo cinco segundos para morir.



AMIGO DE MONCHIN: Uno de los periódicos de Framingham publicó una foto del carro cuando era remolcado por la grúa, creo que soy muy afortunado. Papa Dios me quiere mucho. Gracias por tus palabras. HECTOR RODRIGUEZ, Claro Teto que me acuerdo perfectamente de ti. Yo vivi casi 9 años en Nueva York y trabajé varias veces en El Bronx, lamento que no nos hayamos encontrado nunca, pero hoy gracias a Barrigaverde sabemos uno del otro. Espero que estes bien y muchisimas gracias por tu preocupacion. FRANKLYN DOMINGUEZ CRUZ: Ay mi hermano Franklyn, por poco las cien canciones se quedan solo en 50. Estoy contando los dias para el retiro definitivo a mi pais, espero que estes en el aeropuerto para recibirme, ya hablaremos largo y tendido. Gracias por tus palabras hermano.
HERMANO CHINO CAAMAÑO: Cuando nos encontremos en San Juan te voy a mostrar las fotografias de mi carro, es casi imposible creer que alguien que estuvo alli se haya salvado. Dios está conmigo, me ama y me proteje. Las secuelas estan latentes, dolores en el cuerpo, casi no puedo dormir, pero mi mente está lúcida todavia. Gracias por tus palabras, para eso somos los hermanos. OSVALDO CAMILO: Tus palabras me reconfortan grandemente, gracias por ellas y por el aprecio que se me tiene. Hay Monchin para rato. PANTALEON PANIAGUA AGRAMONTE: Cuando se ha tenido un accidente de la magnitud del mio, es bueno contar con personas como tú, que te envíen buenas vibraciones, buenos deseos, eso ayuda a tu recuperacion. Te agradezco tus palabras y tu preocupacion, muchas gracias amigo.
Las lagrimas no se contienen hermano Luis Ramón, al leer tus ¨hermosas poesías"... digo poesía , porque pensaba que quizas te salvara, pero tus dedos se afectarían, pero no, aún puedes comunicarle al mundo que puedes seguir y se que tu bastón será una prueba y una muestra de que puedes lograrlo... Llegar al aeropuerto y regresar a tu tierra hasta el fin.
Vi tú articulo en Internet sobre tu accidente, gracias a Dios saliste airoso de esa situación, aunque todavía convaleciente, me uno a los rezos de tus demas amigos por tu salud y pronto restablecimiento. Quizas tu no me recuerdes, pero yo a ti sí, fuimos compañeros en el Liceo de San Juan de la Maguana y a partir de tu salida de esa ciudad jamás supe de ti, aunque siempre te recuerdo con aprecio. Monchín, espero te restablezcas totalmente y seas feliz junto a tus familiares. Próspero año 2010.
Wao Monchín tengo los pelos de punta. Muchacho, tú eres más duro que un guayacán. Vi la foto de como quedo tu carro en el Middlesex News de Framingham y de verdad parece un sándwich. Gracias a papá Dios que quedaste vivo. Viva papá Dios, amigo.
Lo mas importante querido amigo compueblano, es que estás vivo, lleno de grandes experiencias y dispuesto a seguir haciendo tus grandes aportes. Gracias a Dios te permite seguir viviendo, mil felicidades este nuevo año 2010.
Muy regocijado por su progresiva recuperacion!!!!
Osvaldo
Viva Dios, hurra, que felicidad. Mi hermano Monchín de nuevo en las lides periodísticas, con nuevos bríos, sano y salvo. Que más se les puede pedir al sumo hacedor de todas las cosas. Êl es grande y solo su grandeza puede hacer milagros. Hermano, que Dios te siga protegiendo siempre al lado de todos los que somos tus amigos. Perdona que no haga comentario sobre el artículo; los hechos no importan, lo que importa es la vida y Dios la reservó para ti.