Por: OMAR PÉREZ SALOMÓN | 10:20 PMA propósito de la XIX Cumbre Iberoamericana efectuada el pasado mes de noviembre en la localidad portuguesa de Estoril, causa dramatismo los datos aportados por el canciller cubano Bruno Rodríguez, cuando al intervenir en la cita donde entre otros asuntos se debatió lo relacionado con la innovación y el conocimiento, para estimular la investigación industrial y la transferencia tecnológica en el continente, destacó que según la CEPAL “los países de la región disponen solo de 146 000 investigadores, que representan apenas el 3,5 por ciento del total de científicos del planeta, valor inferior al promedio mundial.
América Latina y el Caribe tienen 3 veces menos investigadores que Japón, 6 veces menos que los Estados Unidos y un cuarto del personal de investigación y desarrollo de Europa, y 4 veces menos que China”. Se calcula, “que de 1961 al 2002, un millón 200 mil personas altamente calificadas de la América Latina y el Caribe emigraron a Estados Unidos, Canadá y el Reino Unido, lo que le ha costado a los países de la región más de 30 mil millones de dólares, según cálculos conservadores”.
En el escenario internacional prevalece el complejo de dominación de Estados Unidos, que utiliza las grandes corporaciones comerciales productoras de hardware y software, Institutos de investigación y desarrollo, Agencias y una infraestructura de espionaje militar e industrial basado en sofisticados sistemas de comunicaciones por satélite y poderosos software soportados por una enorme capacidad de cómputo.
El Presupuesto Fiscal de ese país en el 2008, destinó a la Investigación y Desarrollo más de 140 billones de dólares. Cifras considerables dedican también otros países desarrollados a la actividad científica y de innovación.
Por otro lado existe un robo de cerebros sin precedentes con una amplia oferta de trabajo en las temáticas asociadas a la ciencia, informática, biotecnología y la salud, con diversos programas de visas de trabajo, becas de larga estancia y contratos.
En los países de nuestra América, las estrategias de desarrollo tecnológico están basadas en lo fundamental en la asimilación de tecnología foránea y casi nula consideración de las posibilidades de la investigación y desarrollo y cierre de ciclo productivo con la industria nacional, además de una baja prioridad institucional a la innovación tecnológica.
No obstante esta situación, algunos hechos y acontecimientos ofrecen algunos destellos de luz en el camino hacia la soberanía tecnológica en nuestros países. El programa del satélite venezolano Simón Bolívar, el anunciado proyecto del satélite boliviano, la colaboración en investigación y desarrollo en el marco del ALBA son ejemplos que marcan pautas en este objetivo.
En este sentido resulta trascendental lo alcanzado por Brasil en el desarrollo de una versión de la norma de televisión digital japonesa, logrando varias patentes y licencias de la norma nipona. Pero como si fuera poco, varios de los principales países de la región han adoptado esta norma de televisión digital como una muestra de integración en el campo tecnológico. Tal es el caso de Argentina, Venezuela, Perú y Chile. Otros como Ecuador, Bolivia y Paraguay estudian su incorporación.
Otro esfuerzo en este propósito, resultó el Foro de Televisión Digital para América Latina y el Caribe realizado hace un año a instancia de la Superintendencia de telecomunicaciones de Ecuador, que tuvo como objetivo trabajar en la definición de una norma común en el área Latinoamericana y mantener un intercambio permanente sobre el tema.
En el marco del ALBA se realizan contratos internacionales para la adquisición de nuevas tecnologías donde se logre transferencias de las mismas que permitan su asimilación, la integración nacional y la posibilidad de creación de nuevos desarrollos. Además, fomentar la cooperación para el intercambio científico, la formación, proyectos conjuntos, financiamientos con empresas e instituciones gubernamentales de países considerados socios estratégicos.
El camino hacia la soberanía tecnológica permitirá sin dudas, disminuir la brecha entre los países ricos y los pobres, promover el desarrollo y el conocimiento, eliminar la exclusión social y jugar un papel más activo en la protección a nuestro planeta.
Como dijera el líder de la Revolución cubana Fidel Castro, en la reflexión titulada ‘El robo de cerebros’, “urge enfrentar la situación de indigencia en que nuestro grupo de países se encuentra en este escenario de las redes globales de información, Internet y todos los medios modernos de transmisión de información e imágenes.
No puede llamarse ni medianamente humana una sociedad donde los seres humanos sobren por millones y constituya una práctica el robo de cerebros de los países del Sur, y se perpetúa el poder económico y el disfrute de las nuevas tecnologías en unas pocas manos.
Resolver este dilema es tan trascendente para el destino de la humanidad como enfrentar la crisis del cambio climático en el planeta, problemas que están absolutamente interrelacionados”.



