Lunes  17 de Agosto de 2026 | Última actualización 01:26 PM
Análisis sobre la violencia actual
Por: RAFAEL E. CAAMAÑO C. | 3:40 PM

La violencia parece arropar el país y las fórmulas que se han buscado para detenerla, no parecen haber dado resultados satisfactorios a la luz de los hechos. La ciudadanía vive momentos difíciles, sin que se visualice la posible detención de esta situación calamitosa.

Se plantean diferentes aspectos, como probable causas del problema. Es posible que muchos de las razones que se esgrimen como responsables, lo sean en verdad. Pero es necesario también, estudiar el posible origen desde el punto de vista histórico.

La invasión de los Estados Unidos de Norteamérica ocurrida entre los años de 1916-1924, y luego, su vergonzosa e injustificada presencia, en la época en que los dominicanos luchábamos por el retorno a la constitucionalidad conculcada y que provocó la Revolución de Abril de 1965.

El arrojo e intrepidez de los dominicanos, generó en la mente de los principales líderes norteamericanos, la idea de que en el pueblo dominicano era inherente un estado de rebeldía hacia todo lo que constituyera opresión e intervención en los asuntos del país.

Esa opinión muy generalizada por cierto, proviene del comportamiento nacionalista de generaciones de dominicanos, que con menosprecio de sus vidas enfrentaron a los yanquis en los dos períodos arriba señalados.

Pero esa reciedumbre de carácter tuvo como escuela también, las enseñanzas de numerosas organizaciones revolucionarias nacidas en la clandestinidad.

Esta visión sobre el pueblo dominicano, sirvió para que el gran coloso del norte buscara formulas que pudiera menguar el carácter levantisco del pueblo dominicano, hacerlo más dócil y alienado. Estos esquemas de dominación, contaron con la complicidad de sectores nacionales, que se asociaron para realizar inversiones en áreas preseleccionadas que debieron ser protegidas por el estado.

De esta forma, pasaron a ser controladas por el capital norteamericano y sus testaferros nacionales, importantes aspectos de la economía y sobre todo los medios de comunicación de masas.

Ya estos no serán utilizados como instrumento para la educación y orientación ciudadana, sino para la sumisión y dependencia de un dominicano abdicante de su anterior nacionalismo y ahora, al servicio de la sociedad de consumo.

Claudicaban la ciencia y la tecnología, pero más aún, claudicaron quienes desde el poder se prestaron a recibir millones de dólares, destinados supuestamente para el desarrollo y el bienestar del pueblo, pero utilizados como instrumento útil para aligerar el peso de la demanda social y fomentar paternalismo, consumismo y dependencia.

A todo esto se unió también una nueva estrategia de dominación. Las presiones internacionales y las denuncias de supuestos maltratos de nacionales haitianos en la República Dominicana. Posiciones dirigidas a lograr apoyo internacional, para que los gobiernos y el pueblo dominicano acepten pasivamente el fuerte proceso migratorio haitiano y la carga que para el Estado Dominicano representa.

La sustitución de la mano de obra dominicana por el haitiano; el desempleo; las migraciones campesinas hacia las ciudades con el consiguiente abandono de los predios de labranzas y la ocupación posterior por los haitianos; la proliferación de la prostitución en las calles y zonas turísticas; el reenvío de dominicanos condenados en Estados Unidos y otros países por acciones delictivas; la drogadicción; el armamentismo injustificado; los bajos niveles de educación, entre otras razones son las causas del estado de cosas que nos azota.

Los resultados están a la vista. La ola de violencia, atracos, violaciones, crímenes y delitos que estremece la sociedad dominicana, tiene sus raíces en esa estrategia para lograr esa mentalidad consumista impuesta sutil y sistemáticamente por medios de comunicación al servicio de intereses económicos.

Propaganda dirigidas de manera especial a una juventud sin formación, pero cargada de aberraciones obtenidas en el quehacer cotidiano de una sociedad que presiona en sus demandas de mayor consumo.

Es culpa de un sistema decadente que incuba en su seno, el tráfico de estupefacientes y la drogadicción.

Es responsabilidad de un poder judicial cómplice y veleidoso, que echó por la borda ética y el solemne juramento hipocrático de aplicar justicia con imparcialidad.

Es el resultado de la complacencia y generosidad de padres, portaestandarte de la "dulce vita", que en aras de satisfacer caprichos, suelen ser indiferentes ante el drama de sus hijos.

Es el fruto que cosechamos de los nuevos métodos educativos, que prohíbe al maestro castigar al alumno, pero convierte al alumno en evaluador de la conducta del maestro.

Es el precio que paga un país que olvida sus valores y que parece vagar sin horizontes.

Nace una interrogante. ¿Que hacer?

RESPUESTA

Que el uso de los medios de comunicación, se les encause mediante legislación, para que sus programaciones estén orientadas para elevar el nivel educativo, moral y cultural de la ciudadanía. Al servicio del hombre como ser libre, no como mero consumidor ignorante y alienado.

Que se replantee las funciones de las universidades, de acuerdo a las necesidades reales de la nación. En cuanto al número y profesiones de los graduandos y de las universidades en su labor científica.

Que se considere de alta prioridad nacional, un plan de alfabetización total que involucre con carácter obligatorio a todas las instituciones del estado y la sociedad civil.

Que se retome la enseñanza de civismo y urbanidad en todos los planteles escolares del país.

Hacer de uso obligatorio en las escuelas públicas y privadas los cantos escolares.

Disponer como obligatorio y sancionable, evadir sin justificación alguna, la celebración de las fiestas y efemérides patria en las escuelas e instituciones públicas.

Que el estado dominicano, asuma como responsabilidad el mantenimiento y creación de las deficitarias academias de música y escuelas de bellas artes en todo el país; coordinando con instituciones nacionales e internacionales el otorgamiento de becas de estudios. No debemos olvidar que el cultivo de las bellas artes, eleva el espíritu y hace al ser humano más reflexivo y menos propenso a la violencia.

Que en el marco de las academias de música y bandas municipales, se prevea ampliar sus responsabilidades, encaminandolas hacia una labor de investigación que les permita rescatar eslabones culturales perdidos.

Plantear como requisito fundamental para alcanzar el bachillerato, además de las incumplidas 60 horas de trabajo social. Igual cantidad de horas, destinadas para que el estudiante ofrezca orientaciones a los adolescentes sobre lo nocivo y perjudicial para la salud física y mental del uso de las drogas.

Reevaluar la función del maestro y su papel en la formación ciudadana.

Someter a exámenes previos a quienes optan por enrolarse en la Policía Nacional. Someterlos a un régimen de estudios y supervisión continua por parte de especialistas en la conducta.

Establecer dispositivos de control y supervisión policial, que permita la destrucción real y uso de las drogas y estupefacientes incautadas.
Que sus operaciones se circunscriba a lo estrictamente profesional.

Establecer previo estudio, la policía escolar. Involucrando a jóvenes estudiantes que destaquen por su aplicación al estudio y buen comportamiento.

Que se establezca un código de ética para el ejercicio de la locución.

Que la Comisión de Espectáculos Públicos y Radiofonía, retome el control en cuanto a las letras y música de las grabaciones discográficas, orientándolas hacia la enseñanza y el reforzamiento de los valores.

Suele decirse finalmente, que en nuestro país todo está escrito. De ser así, retomémosla y hagámosla realidad. Recordemos que tenemos el mal y para curarlo es necesario hacer algo.

De lo que hagamos a tiempo, dependerá el perfil que tendrá el país. Si continuara siendo el lupanar político que conocemos o un reino de libertades donde florezcan sociedades dinámicas integradas.

Nos llama la hora para defender vivir en paz en esta tierra de Dios; defender el legado cultural heredado de nuestros mayores; no cejar en la lucha por la razón, la autenticidad como pueblo, la justicia y la paz, en tiempos signados por la intolerancia, el fanatismo y la mediocridad.

Los pueblos tienen derecho a progresar en la medida que va pasando el tiempo. Ese progreso debe ser en todos los ambitos del desarrollo humano. Cada generación es diferente a la anterior debido a los cambios que se van sucediendo. Si comparamos el comportamiento social de los años sesenta, la diferencia es abismal. En esa época no existían los flagelos que hoy nos destruyen, no existia la diabólica competencia social, no habia droga, la corrupcion era minima, no habian deportados, en fin éramos un país con menos habitantes y casi impoluto. El tiempo nos ha ido cambiando y no creo que haya que culpar a nadie. Todo lo existente es el fruto de los nuevos tiempos.

Minel Mendez , Hollywood, Fl.