Sábado  15 de Agosto de 2026 | Última actualización 01:26 PM
Sacralizando a Balaguer
Por: ANULFO MATEO PÉREZ | 8:27 AM

CATALEJO

Es una tendencia de muchas sociedades sacralizar a los políticos y a figuras que se han destacado en el arte, el deporte o las ciencias. Incluso, el tratamiento se extiende a personajes que han pasado a la historia como próceres, tal es el caso de Pedro Santana, cuando en la práctica fueron todo lo contrario.

Esto no significa que quien haya jugado un papel digno y relevante no merezca el reconocimiento público y el más absoluto respeto de sus conciudadanos o más allá de las fronteras de su terruño natal.

Por más que los poderes fácticos traten de sacralizar a Joaquín Balaguer, la historia está ahí y la memoria social también para impedirlo, porque es un personaje de la historia reciente, que, como Trujillo, su impronta está fresca en la memoria nacional.

Los pueblos siempre se la ingenian para mantener en el mundo ordinario y terrenal a las figuras que sectores interesados tratan de sacralizar de espalda a la conciencia crítica, erigiendo bustos, colocándoles placas, nombrando calles u otro tipo de reconocimiento.

La ficción popular narra el encuentro entre Elito y una delegación del FMI, cuando un integrante de la misma y viejo amigo conocido en México, le susurró al oído mientras caminaban, que se bajara los pantalones, desconociendo la usanza del presidente. La reacción del anfitrión fue preguntarle irritado a uno de sus hombres de confianza: “Bello, Bello… ¿y es tanto lo que debemos?”.

De manera, que así es el pueblo. Y mal hacen familiares o amigos de Balaguer al responder de manera desproporcionada e irrespetuosa cuando historiadores o simples críticos se oponen a que a la avenida Máximo Gómez se le cambie el nombre por el de Joaquín Balaguer.

Lo menos que se puede decir es que la propuesta es un monumental despropósito. Una ofensa.

anulfomateo@gmail.com