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Cuando eras un dios
Por: JOSE LUIS MORONTA SERRANO | 9:49 PM

Tu ascensión a las más altas cumbres se produjo exactamente en aquel año en que los astrólogos y agoreros del mundo globalizado, pronosticaban grandes catástrofes por aquello del “Nuevo Milenio”, pero como siempre, nada extraordinario sucedió.

Tú habías sido ascendido a ese alto nivel gracias a la fe que despertaste en muchos creyentes, que vieron en ti a un dios hecho casi a su imagen y semejanza, que no hablaba una lengua extraña y que usaba casi los mismos términos, y las mismas vulgaridades, de la “gente de la calle”.

Eras un dios, aparentemente, sin el estilo aristocrático y elitista de otros dioses que te precedieron, y eso hablaba muy bien de ti.

Pero al parecer llegaron otros creyentes, los que nunca acuden a orar cada cuatrienio cuando se organiza la “gran misa de la democracia” en la que se ratifica, o rechaza, al dios que quiere seguir cuatro años más, y estos creyentes, que nunca participan en esas misas, pero que son escogidos en el selecto séquitos de todos los dioses, y sin importar la fe que éstos prediquen (de todo modo, en la ejecución de sus designios, todos los dioses actúan igual), talvez te inculcaron, o te dejaste inculcar, que debías ser igual que el Gran Dios que durante más de 30 años, a sangre y fuego, se enseñoreo sobre los destinos de la nación. Al parecer, esos consejos hicieron mella en tu sensibilidad, haciéndote asumir actitudes dictatoriales similares a las del Gran Dios Benefactor de la Patria, dictando, con simples órdenes irreflexivas, encerrar en los calabozos del averno a aquellos a quienes tú considerabas que mentían. También organizaste fiestas en las que se entonaban los cánticos religiosos, a ritmo de perico ripiao, que loaban al Gran Dios Perínclito Barón de San Cristóbal, y, como si no bastara lo que decían las letras de esos cánticos, invitaste a esas fiestas a un hijo del Gran Dios Tirano.

A diferencia del Dios bíblico, que expulsó de su lado a todos aquellos ángeles que prostituyeron su condición divina anhelando y tomando para ellos cosas que les estaban vedadas, a tus ángeles que pecaron en demasía cogiendo lo que no les pertenecía, y repartiendo lo que no era de su propiedad, nunca los execraste de tu lado, sino que los protegiste y defendiste.

Por eso, y otras cosas más, fuiste expulsado de las alturas a las que había sido ascendido, y caíste, como el Lucero del Alba del relato del profeta Isaías.

Ahora, siendo un mero mortal, como si nada hubiese pasado, sin ni siquiera haber pedido disculpas por tus excesos, que fueron muchos, y el de tus ángeles (más bien, demonios), que fueron demasiados, apareces como salido del mismo infierno, queriendo aportar tu cuota negativa al de por sí trastornado panorama político dominicano. Pero gracias a Dios (al de verdad) todos tus altares cayeron demolidos y los que una vez eran tus creyentes, hoy profesan otra fe, y aunque Cambita sigue siendo el lugar de peregrinación de algunos fanáticos tuyos, que viven prendidos de los recuerdos de los años de tu aciago reinado, tú imagen, hoy revestida de una aureola caricaturesca, gravita como la reminiscencia de algo que nunca debió ser.

Si algo de cordura quedara en tu calva cabeza, y alguna pizca de dignidad se anidara en tu corazón, marcharía raudamente hacia Gurabo, tu lugar de origen, en el cual permanecería eternamente, lejos de la esperanza de un pueblo que hace tiempo aporreo tus aspiraciones, lanzándote hacia el abismo del desdén.

...y pensar que el Dios que ocupó el trono inmediatamente después de haber sido destronado el Dios Calvo, resultó peor. No habla el idioma de la calle, pero habla el idioma de la hipocresía y la maldad, no tiene un sólo pelo de tonto, al contrario, el tonto es el país que le creyó de nuevo. Es algo así como el flautista de Hammelin que con el toque mágico de su flauta arrastraba tras de si todos los ratones del pueblo con la diferencia de que esos ratones están todos hoy en la cueva del Palacio Nacional.

Sanjuanero en el exilio , Algun lugar del mundo