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El movimiento popular hondureño frente al golpe gorila
Por: OMAR PÉREZ SALOMÓN | 10:13 PM

Un hecho significativo dentro del contexto del golpe de Estado contra el gobierno constitucional del presidente Manuel Zelaya resulta la mayor organización e integración que vienen alcanzando las diferentes organizaciones que conforman el movimiento popular hondureño, enfrentadas desde el primer momento a los uniformados armados hasta los dientes, con coraje y llevando como única arma la razón y la verdad.

En ausencia de un sólido Partido de izquierda en el escenario político hondureño, organizaciones sociales como el Bloque Popular, que agrupa a unas 30 organizaciones de izquierda, se han integrado en el Frente Nacional contra el Golpe de Estado para exigir en las calles la restitución del orden constitucional y del presidente elegido por el pueblo, Manuel Zelaya.

El movimiento popular contemporáneo de Honduras inició su constitución marcado por la huelga bananera de 1954, la universalización del sufragio, la concesión de la autonomía a la Universidad y el nacimiento de las primeras organizaciones obreras y campesinas, femeninas, magisteriales y estudiantiles.

Rigoberto Padilla Rush, el más connotado dirigente comunista hondureño en las décadas finales del siglo XX, en el libro “Memorias de un Comunista”, manifiesta que ‘las organizaciones populares encontraron en las luchas callejeras por sus derechos gremiales su elemento unificador. Honduras llegó a tener el movimiento sindical más amplio y mejor organizado de América Central a inicios de la década de 1970; pero en muchos casos ideológicamente reformista y conciliador con los patronos y el Estado. El movimiento popular hondureño se opuso y desafió al imperialismo norteamericano y al Estado hondureño. Este, particularmente durante las décadas de 1960 y 1980, fue calificado por las organizaciones populares como demasiado represivo frente a ellas y, excesivamente dócil y servil, ante Estados Unidos, las compañías bananeras y la reacción centroamericana’.

La crítica permanente a las élites gobernantes, representó durante mucho tiempo uno de los temas fundamentales en la agenda del movimiento popular, que rechazaban que el Estado estuviera en manos de una oligarquía dominada por los terratenientes y careciera de una estrategia para desarrollar las fuerzas productivas y promover el bienestar de las mayorías del país.

El gremialismo, el antiimperialismo y la crítica contra la oligarquía hondureña contribuyeron a articular el movimiento popular y constituyeron sus puntos más fuertes en los conflictos que mantuvo con el Estado. Pero ante la disyuntiva entre reforma y Revolución, el movimiento popular se inclinó a favor del reformismo, quizás porque los enfrentamientos de clase fueron atenuados por reformas jurídicas y el reconocimiento de derechos a los actores sociales gremiales.

La coyuntura actual es diferente y el golpe gorila ha propiciado que todas las fuerzas del movimiento popular se unan en un objetivo común. De estas organizaciones han surgido líderes reconocidos por las masas como Carlos H. Reyes, Juan Barahona y Erasto Reyes.

Resulta importante que a las manifestaciones de resistencia llevadas a cabo por miembros del Frente Nacional de Resistencia contra el golpe de Estado, movimientos sociales, indígenas, campesinos, el sector sindical, el magisterio y diversas organizaciones sociales y defensoras de los derechos humanos, se hayan incorporado el sector estudiantil universitario y las bases del Partido Liberal, que incluso está convocando a una convención general para legalizar la expulsión definitiva de Micheletti, de todos los diputados que participaron en el golpe y todos los liberales que han asumido cargos durante el gobierno dictatorial.

La tendencia es al aumento de la unidad solidaria entre los que se manifiestan en las calles, la radicalización de las posturas del movimiento popular y la creación de una situación revolucionaria que forja una fuerza política colectiva que puede consolidar una instancia permanente de lucha en el futuro inmediato.