Domingo  16 de Agosto de 2026 | Última actualización 01:26 PM
Discurso del presidente Danilo Medina ante la Asamblea Nacional
Por: Editor de En Primer Plano | 2:01 PM

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Honorable Señor Presidente de la Asamblea Nacional

Reinaldo Pared Pérez,
Señor Ex-Presidente

Dr. Leonel Fernández,
Excelentísimo Señor Presidente de la República de Honduras,

Don Porfirio Lobo Sosa;
Excelentísimo Señor Presidente de la República de Haití,

Don Michel Martelly;
Excelentísimo Señor Presidente de la República de Panamá,

Don Ricardo Martinelli;
Excelentísimo Señor Presidente de la República de Colombia,

Don Juan Manuel Santos;
Excelentísimo Señor Presidente de la República de Surinam,

Don Desire Delano Bouterse;
Su Alteza Real Príncipe de Asturias,

Felipe de Borbón;
Excelentísimo Señor Primer Ministro de la República de Haití

Don Laurent Lamothe
Excelentísimo Señor Primer Ministro de Curazao

Don Gerrit Francisco Schotte
Honorable Señor Vicepresidente de la República Taiwán,

Dr. Wu Den Yih;
Honorable Señora Primera Vicepresidenta de la República de Perú,

Marisol Espinoza Cruz;
Honorable Señor Vicepresidente de la República Costa Rica,

Don Alfio Piva Mesén
Honorable Señor Vicepresidente del Consejo de Estado de la República de Cuba,

Don Esteban Lazo Hernández
Honorable Señora Vice Primer Ministra de Georgia,

Eka Tkeshelashvili
Honorable Señor Gobernador de Puerto Rico,

Don Luís Fortuño;
Excelentísimo Señor Secretario General de la Organización de Estados Americanos,

Don José Miguel Insulza;

Excelentísimo Señor Secretario General Iberoamericano,

Don Enrique Iglesias;

Honorable Señor Secretario General de la Integración Centroamericana,

Dr. Juan Daniel Alemán;

Su Excelencia Reverendísima

Arzobispo Luigi Blanco

Enviado Extraordinario en Misión Especial

de Su Santidad Benedicto XVI;

Su Excelencia Reverendísima,

Monseñor Joseph Wenseslowsky;

Nuncio Apostólico de su Santidad;

Excelentísimos Señores y Señoras Jefes de las Misiones Especiales y de Organismos Internacionales; Miembros del Cuerpo Diplomático y Consular acreditados en el país.

Invitados Especiales

Excelentísima Señora Vicepresidenta de la República,

Dra. Margarita Cedeño de Fernández;

Su Eminencia Reverendísima Arzobispo Metropolitano de Santo Domingo y Presidente de la Conferencia del Episcopado Dominicano

Monseñor Nicolás de Jesús Cardenal López Rodríguez;

Honorable Señor Presidente de la Suprema Corte de Justicia,

Dr. Mariano Germán Mejía;

Honorable Señor Presidente del Tribunal Constitucional,

Dr. Milton Ray Guevara;

Honorable Señor Presidente de la Junta Central Electoral,

Dr. Roberto Rosario Márquez;

Honorable Señor Presidente del Tribunal Superior Electoral

Dr. Mariano Rodríguez

Honorable Señora Presidenta de la Cámara de Cuentas,

Licelott Marte de Barrios;

Honorable Señor Presidente de la Cámara de Diputados y

Vicepresidente de la Asamblea Nacional,

Lic. Abel Martínez Durán

Honorables Señores Senadores y Diputados,

Miembros de la Asamblea Nacional.

Excelentísima Señora Primera Dama de la República,

Cándida Montilla de Medina;

Mi Padre,

Don Juan Pablo Medina

Altos Funcionarios Civiles y Militares,

Señoras y Señores

Estoy aquí, de pie, ante Dios, ante mi pueblo, ante los representantes de la democracia dominicana y ante la comunidad internacional para decirles que no puedo imaginar un mayor honor que haber sido elegido presidente de mi país.

Y para decirles, también, que no hay compromiso más trascendente para un hombre público que el de jurar defender y dignificar su patria y su gente, bajo cualquier circunstancia, ante cualquier desafío.

Por eso, con el corazón lleno de júbilo y el alma llena de coraje y firmeza, que me comprometo a entregar lo mejor de mí para lograr el mayor bienestar para mi pueblo y la mayor grandeza de mi Patria.

Hoy, más que nunca, dejo de pensar y sentir como un individuo para pensar y sentir como un colectivo.

Hoy, cambio mi alma de individuo por el alma colectiva de mi pueblo; hago de mi cuerpo una extensión del cuerpo de la República y siento en mi sangre su energía vibrante, indivisible e indestructible.

Por eso es importante primero inclinarme humildemente, agradecido ante Dios.

Pedirle que me mantenga siempre en el camino de la justicia, del amor, de la humildad, de la compasión y del equilibrio.

Pedirle que nunca me deje llevar por la soberbia, el odio, la frialdad, la insensibilidad, la vanidad, la arrogancia y la prepotencia.

Agradecer, también, a mis padres, a mi esposa y mis hijas, porque ellos supieron comprender y acompañar los sueños y las luchas de este servidor.

Agradecer a mi partido, que creyó en mí, me acompañó y trabajó sin descanso para que yo estuviera aquí.

Agradecer también a los partidos aliados y el Sector Externo.

Y, por supuesto, mi agradecimiento es infinito hacia mi pueblo querido, que creyó en mi mensaje, me acompañó por las calles y, finalmente, me eligió como presidente de todos, absolutamente de todos los dominicanos y dominicanas.

A todos les digo, bien alto y bien fuerte, para que se escuche: Me entregaré por entero, trabajaré sin descanso, seré un presidente de todas las horas, seré un servidor de ustedes en cuerpo y en alma.

Quiero que mis primeras palabras sean estas:

¡Lograremos, sin miedo y sin descanso, lo que soñamos!

Superaremos las dificultades que se presenten. Haremos una República Dominicana más grande y más respetada en el mundo.

¡Seremos una nación más unida!

¡Entregaremos a nuestros hijos un país aún mejor que el que nosotros hemos recibido!

El amor a la Patria, que late en todos nuestros corazones, lo transformaremos en el amor de los Hechos.

Dominicanos y Dominicanas:

¡Ha llegado el momento!

¡Manos a la obra!

¡Manos a la obra, sin descanso, sin mezquindades y sin reservas!

Yo sé que este es el sueño íntimo e insobornable de todos los dominicanos; tanto de los que me honraron con su voto, como de aquellos que eligieron otras opciones.

Así que, compatriotas, tenemos el éxito asegurado porque todos estaremos unidos en esta tarea.

Esta es una hora solemne, porque la transición pacífica de un Presidente a otro, ambos electos por la voluntad popular libremente expresada, es una conquista de nuestro pueblo.

Hoy renovamos esa conquista, reconocida por todos los sectores de nuestra sociedad y por la comunidad internacional, ante la más calificada representación de nuestra ciudadanía, reunida en esta Asamblea Nacional.

Esto constituye una inequívoca manifestación de la madurez democrática alcanzada y de nuestra convicción de que la soberanía reside en el pueblo.

Solo la voluntad popular ha de instaurar regímenes y gobernantes legítimos en el suelo de nuestra patria. Pero nada surge de la nada.

Tenemos sólidas bases arraigadas en lo más profundo de nuestra historia. El 16 de agosto del año 1863, con el acto que conocemos como el Grito de Capotillo, patriotas constituidos en un ejército con limitados medios, descrito como harapiento por Pedro Bonó dieron inicio a la épica jornada de la Guerra de La Restauración.

Una lucha, que el profesor Juan Bosch calificó como “la página más notable de la historia dominicana”, y que culminó en 1865, con el retiro de las autoridades coloniales de la isla, restableciendo nuestra independencia. Ellos son los padres de nuestra democracia, porque sin independencia y libertad no existe nada.

Sin independencia no hay Patria.

Hemos conocido el salvajismo de la tiranía y la pesadilla de la represión.

Hemos mordido el fruto amargo de la opresión, que nos privó de todos los derechos, de todos los bienes, de todas las ilusiones y de todas las esperanzas.

Pero, cada vez que el porvenir de la República, o de nuestro pueblo, se ha visto ensombrecido, el Grito de Capotillo ha vuelto a resucitar.

Gracias a Dios ya no tenemos más caudillos, ni patrones, ni amos. Tenemos, una República Dominicana refundada sobre bases más sólidas y un pueblo maduro, con líderes políticos que han sabido construir más y más democracia.

En esta solemne ocasión, permítanme rendir algunos homenajes de admiración y respeto:

Como no podía ser de otro modo, hoy quiero pronunciar en alto el nombre de quien fue nuestro maestro: Juan Bosch.

Líder e inspiración fundamental de nuestra democracia contemporánea, paradigma de liderazgo ético y moral, luchador incansable por liberar a nuestra patria del atraso, la miseria y la desigualdad social.