Por: ANTHONY PANIAGUA BERIGUETE | 1:08 PMHablar de práctica reflexiva en la enseñanza, significa hablar de un tema de gran relevancia.
Son muchos los autores contemporáneos que hablan de reflexionar, de ser reflexivo, de interrogar la práctica. La cuestión es entonces, ¿cómo lograrlo? Si se quiere ser un práctico reflexivo, el primer paso ha de ser el cambio de actitud, hay que identificarse con la idea de ser práctico reflexivo, con la idea de cuestionarse antes de que otros lo haga por uno(a).
Se debe comenzar a entender que las situaciones que se presentan en cada proceso de enseñanza-aprendizaje son únicas e irrepetibles, y que el maestro para resolverlas tiene que apelar al conocimiento en la acción, porque la complejidad de dicho proceso conduce a reflexionar en y sobre la práctica.
Un práctico reflexivo ha de diferenciar conocimiento en la acción, de reflexión en la acción. El primero hace referencia al conjunto de conocimientos que se tiene al realizar una acción aunque sea de forma inconsciente, mientras que el segundo se refiere a cuando pensamos en lo que hacemos en medio de la misma acción.
Este segundo aspecto, es el que hace de un profesional, un práctico reflexivo, ya que ese reflexionar le ayuda a establecer un diálogo con la situación; le permite cuestionarla, reelaborarla, y resolverla, aplicando el conjunto de conocimientos y experiencias adquiridas, adecuándolas a la situación presente a través del conocimiento en la acción.
Luego de esto, las experiencias docentes han de convertirse en talleres de diseño, donde como docente se pueda ser diseñador, desarrollando habilidades para crear, resolver problemas, utilizar formas plásticas y visual, jugar variables, transformar impedimentos, ver diferentes respuestas válidas, analizar y hacer críticas.
Una vez iniciado este proceso, no debe faltar el diálogo reflexivo entre el accionar y las acciones docentes.
Todo el proceso anterior, sería esfuerzo en vano si no se desarrollara un proceso básico: aprender haciendo, el cual es un modelo de práctica reflexiva con relación a la docencia, que establece un diálogo entre el tutor (docente) y el estudiante sobre la mutua reflexión.
Es importante que en las sesiones de clase los docentes propicien que los procesos de enseñanza-aprendizajes se constituyan en sala de espejo, donde ayuden a sus alumnos(as) a través de demostraciones, descripciones, etc., a que desarrollen procedimientos que le conduzcan a la búsqueda de estrategias para enseñar, indagar, describir y a aprender a resolver dificultades.
Sólo así podrán ir sentando las bases para ser verdaderos prácticos reflexivos.
Refiriéndose a la práctica reflexiva, Donald Schön (2002), invita a los y las docentes a ser artistas en sus aulas. Para esto, es necesario que las clases se conviertan en verdaderos salones de arte, donde se establezcan diálogos reflexivos con el alumnado, para ayudarles en medio de los conflictos a descubrir donde se encuentran los detalles fundamentales de cada proceso, para que ellos puedan sentir la alegría de descubrir la grandeza, la perfección de lo que están haciendo.
La situación es, que hay que llevarles a que puedan “aprender aquello que ya hacen para que sean capaces de elegir lo que van a hacer”. Este proceso es un ejemplo de metacognición.
Por último, hay que referir la necesidad de propugnar por un conjunto de profesores formadores del profesorado con una actitud positiva para que como plantea Schön (2002), se puedan promover reformas de adecuación al currículo, para promover la reflexión en los futuros docentes, para que la limitante de tiempo no sea un factor que mantenga en jaque mate a los(as) docentes al momento de intentar ser verdaderos prácticos reflexivos.
Pero, ¿cómo formar prácticos reflexivos? Para ello, los formadores han de ser expertos en este estilo de práctica educativa. Al respecto se refiere Perrenoud (2003) planteando como condición fundamental la “Exigencia de formadores reflexivos y críticos para formar a profesores reflexivos y críticos”.
Schön, plantea que en un proceso de formación de profesionales reflexivos, hay unas acciones que realiza el profesor, otras el estudiante y otras que realizan ambos.
Al final, la invitación está dirigida a que los(as) docentes se conviertan en prácticos reflexivos, a que promuevan en el alumnado esta actitud, a que la hagan parte de su modus vivendi.
• El autor es docente del Área de Socio pedagogía en el Instituto Superior de Formación Docente Salomé Ureña, Recinto Urania Montás en San Juan de la Maguana, R. D.
Bibliografía:
Schön, D. A. (2002). La Formación de Profesionales Reflexivos. Hacia un nuevo diseño de la enseñanza y el aprendizaje en las profesiones. Barcelona: Paidós Ibérica.
Ferrada, D. (2001). Currículum Crítico Comunicativo. Barcelona: El Roure.
Perrenoud, P. (2006). “Développer la pratique réflexive dans le metier d’ enseignaunt. Professionalisation et raison pédagogique” “Desarrollar la práctica reflexiva en el oficio de enseñar. Profesionalización y razón pedagógica”, Barcelona: GRAÓ, de IRIF, S. L




