Por: Luis Ramón De los Santos F. (Monchin) | 12:11 AMNunca antes como ahora tuvo mas vigencia en mi la popular balada del cantautor argentino Piero "Caminando por Caracas". Piero, trotamundo y bohemio retrato de manera fiel la intrincada geografía caraqueña sumergiéndonos literalmente en la intrincada maraña de autopistas y centros comerciales emblemáticos de la vieja y amada capital de Venezuela.
Caracas me enamoró desde la primera vez que la visite hace ya muchos años y hoy recién llegado de allí reitero mi incondicional amor por esa ciudad a la que intento describir en este artículo, no sin sentir temor de quedar corto ante la avasallante presencia de su dinamismo coloquial y la rupestre belleza de su indomable Monte Ávila.
Me debía estas vacaciones y las tomé pensando más que en divertirme, en cumplir algunos compromisos de corte artístico profesional, cosa que cumplí a medias, pero valió la pena estar allí por diez días inolvidables.
Caracas sigue siendo la misma de ayer, me sorprendieron esta vez su enorme parecido a Santo Domingo, el organizado desorden de su tránsito vehicular, las enormes filas de "Moto Taxis" (versión venezolana del "Moto Concho" dominicano, la prisa con que camina su gente, el acento característico y las malas palabras (que no son para nada malas) con que salpican cada conversación.
Llegamos doña Sonia y yo a las 9:30 de la noche el pasado 18 de octubre y nomás entramos a los módulos de inmigración y a pesar de viajar con pasaporte norteamericano, el atento funcionario que nos atendió, al notar que nuestro país de origen era República Dominicana, entabló una amena conversación que versó sobre la bachata y el merengue al tiempo que sellaba con el cuño de "entrada" nuestros pasaportes. No me quedó más remedio que admitirle que me encantan ambos géneros porque nuestro locuaz amigo ya amenazaba con seguir conversando sobre el tema y en realidad tras una escala en Atlanta, desde Boston, no me quedaban más ganas de estar hablando, sino de llegar finalmente a la casa donde mis familiares me esperaban con una vasta provisión de vinos, un tabaco cubano, varios discos de boleros y un delicioso sancocho venezolano al que ellos llaman "hervido",
Al día siguiente me levante temprano y tomé desde la urbanización Santa Eduvigis la avenida Rómulo Gallegos hasta llegar a la estación del metro caraqueño sólo para apearme en la estación de Chacao y despacharme a mi gusto tomando fotos, degustando la deliciosa "chicha" (refresco hecho de arroz) y comprando varias chacabanas cubanas (en Venezuela les dicen guayaberas).
La noche llegó más aprisa de lo que yo hubiera deseado y para mi sorpresa cuando me disponía a tomar el metro de regreso, en plena estación un trío de música típica venezolana y dos bailarines presentaron un concierto gratuito para los usuarios del mismo, no me quedó más remedio que, emocionado hasta el paroxismo, tomar el micrófono del presentador y agradecer a nombre de los dominicanos el inolvidable espectáculo gratuito.
Los días que siguieron fueron realmente inolvidables, recordaba a Piero cada vez que "El pulpo", "La araña" y "Sabana Grande" se presentaban a mi vista.
Durante diez días recorrí los caminos ya andados, me ensimismé con la imponencia del Monte Ávila, al que quise subir más de una vez no sólo para contemplarlo más de cerca, sino para admirar la belleza inenarrable de sus flores de galipán, las mismas que con tanto acierto describiera nuestro (y de ellos también) Billo Frómeta en su "canto a Caracas".
Los Venezolanos idolatran a Billo Frómeta, creo que nadie le canto a Caracas con más amor que él. El último día de mi visita, por cierto visite un busto del maestro situado frente a la emblemática calle Padre Sierra, bien cerca de la Plaza Bolívar, lástima que el busto no tenga ninguna inscripción que lo identifique, lo que me hace pensar que quizás algún desaprensivo hurtó la placa que una vez pudo haber tenido.
En esta nueva visita a Caracas sentí que casi nada había cambiado, sentí el amor de mis familiares tan intenso como siempre, los amigos que siempre he conservado siguen ahí, un poco mas viejos, pero siempre amigos; la ciudad con más gente, más rápida, pero con un dejo de nostalgia que se capta desde el aire; los mayores escuchando los boleros de Pirela, Lia Tuzent y Alfredo Sadel, y los más jóvenes enloquecidos con la música electrónica de hoy.
Caracas hoy es la del Piero de los 70, la misma de Raffa Galindo y la que Los Guaraguao inmortalizaron en sus coplas y denuncias, los cerros caraqueños hoy más poblados nos presentan un espectáculo inolvidable de noche con su millón de luces y recuerdos, pero es Caracas, la misma que anduve ayer y que amé entrañablemente, esa misma Caracas a la que prometí volver el próximo 11 de mayo del 2011 para celebrar, sino en la falda del Ávila, en la casa de mis parientes mi cumpleaños 63. Dios quiera que así sea.


