Por: JOSE LUIS MORONTA SERRANO | 9:51 AMEl derecho a elegir y a ser elegido está consagrado en La Constitución de la República, aunque un análisis de las condiciones dentro de las que esta afirmación es verificable demuestra que no todo el mundo está en igualdad de condiciones para hacer valer ese derecho.
¿Por qué hay gente que vota? Una amplia variedad de motivaciones impulsa a una gran cantidad de personas a votar por las opciones que consideran más apropiadas: empleados públicos que en su mayoría dependen del partido que gobierna relacionan su permanencia en los puestos de trabajo con el mantenimiento de la hegemonía de su partido en la administración del Estado; otros que reciben diferentes tipos de “ayudas” sufragan motivados por expectativas parecidas, mientras otros más se sienten convencidos de que quien gobierna lo ha hecho bien y merece seguir dirigiendo los destinos de la nación.
Muchos de los que votan por opciones del lado opositor lo hacen con la expectativa de conseguir un puesto de trabajo en caso de que su partido gane, mientras que otros lo hacen porque entienden que con el que está su nivel de vida se ha deteriorado y tratan de castigarlo con un voto en contra, etc.
Por otra parte, hay un número significativo de personas, cada vez en mayor aumento, que se ausenta de las votaciones, lo que obliga a la siguiente pregunta: ¿Por qué hay gente que no vota?
La mayoría de la gente, en condiciones de sufragar, generalmente no acude a depositar su voto. Es lógico pensar que quien así actúa lo hace porque no siente ningún interés en favorecer a candidato alguno con su sufragio. La mayoría de los votantes no está afiliada a ningún partido político, ni se siente motivada a afiliarse debido a la imagen cada vez más deteriorada que presentan las organizaciones partidarias. Además, existe el agravante de que las diferencias ideológicas han sido suprimidas y el único elemento distintivo entre los partidos lo constituye el color que los identifica.
La gente, en sentido general, percibe que la situación no cambiará, sin importar quién gane las elecciones presidenciales que cada cuatro años se efectúan en el país. Cada vez hay mayor apatía de las personas facultadas para votar en las elecciones y cuando éstas se realizan, muchos prefieren irse a la playa, el campo o de viaje hacia el extranjero para disfrutar de los dos o tres días que se declaran festivos para facilitar la movilidad a muchos que tienen que sufragar en sus provincias, municipios o localidades de origen.
¿Por qué los votantes manifiestan apatía ante las elecciones? Martin Seligman, psicólogo norteamericano, descubrió un proceso psicológico que comparte algunas características con la depresión. En sus investigaciones con animales de laboratorio, Seligman pudo observar que éstos manifestaban un determinado tipo de comportamiento pasivo cuando eran expuestos constantemente a situaciones aversivas de las que no podían escapar independientemente de lo que hicieran. Los animales aprendían que, sin importar lo que hiciesen, la situación no cambiaría y, por lo tanto, dejaban de esforzarse para escapar. A esta condición psicológica Seligman la denominó con el término “indefensión aprendida” (erróneamente traducida por algunos autores como “desesperanza aprendida”).
La mayoría de los votantes dominicanos, al igual que los animales de laboratorio de Seligman, han aprendido que independientemente de por quién voten, la situación no cambiará de manera positiva. Por eso manifiestan ese desdén, que durante cada torneo electoral irá profundizándose hasta alcanzar niveles de abstención sumamente críticos.


