Por: JULIO CÉSAR PAULINO | 3:29 PMA la amiga Persia Herrera y a toda su familia, con afectos.
Al final de la calle Domingo Rodríguez, zona norte de la ciudad, el antiguo río Neyba, bautizado por los colonizadores con el nombre de río San Juan, hacía un semicírculo al lado de un farallón que se extendía desde el charco de la paila, llamado por los chiquillos del parque de los burros (parque General Cabral) como la resbalosa, debido a que los niños nos deslizábamos desde la pendiente de una lomita, haciendo diabluras y piruetas, hasta caer en lo más profundo del río; este farallón, descendía en el charco de la barranquita hacia un meandro que daba paso a los potreros de los Montes de Oca que se encontraban en la célebre Mesopotamia.
En lo más alto del farallón, se encontraba una fáblica de block que pertenecía a un ilustre sanjuanero, de caminar pausado y de vestir impecable, de nombre Aníbal de los Santos, quien era hermano del ex-presidente de la República Don Emilio de los Santos.
En el patio de la fábrica, entre los cimientos de concreto armado, testigo mudo de aquella empresa, se encontraban esparcidos cual monstruo prehistórico, muchas máquinas y piezas corroídas por el tiempo y el espacio, donde los muchachos del barrio corríamos y saltábamos sin saber el valor histórico que representaban aquellos hierros retorcidos.
Del lado atrás de la casa de control, único vestigio que quedaba en pie y donde Don Aníbal Guardaba los moldes y plantillas de la fáblica, había dos grandes bolas de hierro con una varilla en el centro que parecía una gigantesca pesa de hacer ejercicios; sobre este artefacto, decíamos los muchachos que el único que era capaz de moverla era el forzudo Cadito Pinales, ícono de los niños del barrio, a quien veíamos leventar un carro por el parachoques sin hacer gran esfuerzo.
Un buen día, mientras nos bañábamos en la barranquita, llegaron unos camiones desconocidos, y antes los ojos atónitos de todos los niños, se llevaron los hierros de la hidro y los moldes y piezas de lo que fuera la primera fáblica de hielo de San Juan de la Maguana.
Según me contó mi padre Horacio Paulino, que en el año de 1922, llegaron unos camiones con ruedas de palitos, subieron por la calle Anacaona y descargaron en la margen oriental de río San Juan unas máquinas desconocidas por los habitantes de esta comarca.
Esas eran las máquinas para producir energía eléctrica mediante el uso de la fuerza hidráulica.
Para mover la máquina, el agua era conducida por un canal construido de zinc calibre 24 colocado sobre crucetas.
Este canal se alimentaba del agua del río San Juan, y desembocaba en el cuarto de máquina que se encontraba ubicado entre La Lajita y La Barranquita, cuya caída movía unas paletas que a su vez movía el dinamo que producía la electricidad.
A mediados de la década de 1940, el Sr. Domingo Rodríguez le vendió la planta al ayuntamiento, quien la trasladó al frente de donde viven los Capell, modernizándola con la compra potentes plantas Caterpillar, cuyo ruido se escuchaba en todos los barrios periféricos.
Un buen día del año de 1960, un silencio fantasmal recorrió aquellos barrios, Don Jose Magá, como le llamaba cariñosamente el pueblo, no encendió a las 6:00 en punto, como era su costumbre por casi 20 años, los potentes caterpillar cuyo tum tum isocrónico acompañaba todas las noches los cuentos de Bukí y Malí, que los muchachos de barrio contábamos en los bancos del viejo parque, debajo de aquellos laureles que mi tío Manuel Paulino, el hombre de las fiestas y los carnavales, había traído de Higuey en el año de 1918.
¿Que había pasado? En esa fecha, Trujillo había inaugurado una Feria de la Paz y el edificio de Honarable Ayuntamiento de San Juan de la Maguana, y con este acontecimiento llegó al pueblo la Corporación Dominicana de Electricidad (CDE), alumbrando de día y de noche, al prímer San Juan de América.
Hasta la fecha, si no aparece algún dato que demuestre lo contrario, esta fue la primera hidroeléctrica instalada en todo el arco del Caribe.
Creo necesario aclarar, que la hidroeléctrica de Jimenoa en Jarabacoa, fue construída en el año de 1954, y que en la década de los 40, ya se había utilizado el agua para producir energía mediante ruedas hidráulicas en Jánico, y que San Juan fue alumbrado por una hidroeléctrica en 1922.
Nota: Las fotos sobre esta fábrica de electricidad, y la fábrica de hielo se encuentran en poder de mi prima Doris Montes de Oca, quien me ayudó a terminar esta investigación, y en los archivos de quien escribe.
El autor es antropólogo.




En el 2004, en la administración del ing. César Sánchez por primera vez reconocimos a Domingo Ridriguez, dándole su nombre a la hidroeléctrica que construimos en el canal J. J. Puello en SJM, y le dimos un reconocimiento a miembros de su familia por el aporte del Sr. Domingo al desarrollo de la hidro electricidad en nuestr país. Esperemos no le cambien el nombre. Gracias a usted por recordar la obra de ese gran ciudadano. Ing. Maximo De Oleo mdeoleo@osinca.com
Muy buen comentario, pero faltó hablar de la Hidroeléctrica Domingo Rodríguez, que está ubicada en la sección de Punta caña, generando 4 mega, se llama asi en honor a Sr. Domingo Rodriguez, quien realmente creó la primera turbina hidráulica. Buena suerte amigo, San Juan debe seguir creciendo.
Buen aporte a la educacion, al conocimiento, y a la cultura amigo Julio Cesar. En dias pasados hablaba con el ilustre Dr. Sobieski, y nos referiamos a ti. En fin, terminamos de acuerdo en que debes escribir un libro sobre nuestro viejo San Juan. Creo que tienes todos los recursos. PAZ
¨San Juan¨pueblo olvidado, estafado, maltratado por el tiempo y la corruptela de unos dinosaurios que han ido desapareciendo por la clemencia del tiempo. Que Dios los tengas en la gloria. Amen... Hace muchos años que las autoridades municipales debieron darle importancia a los monumentos históricos, como una forma de elevar la consciencia social a través del conocimiento y crear la base para el desarrollo del turismo-ecoturismo como fuente para adquirir ingresos. Pero no siempre vivieron ocultando la realidad, los pueblos despiertan y transitan su propio camino. Julio César, sigue escribiendo que tarde o temprano se pierde el miedo.
Gracias por dedicarme ese interesante comentario a mi y a mi familia, que bueno que hayan personas como usted con conocimientos generales que quiera compartir con sus amigos, porque yo lo considero mi amigo de verdad.Que el todopoderoso lo siga iluminando.
En varias visitas a San Juan el año pasado, siempre me preguntaba que eran esos hierros tan viejos que se ven desde la carretera, ahora lo se, me gusto mucho la investigacion se lo agradezco, otra cosa que me preocupó fue el abandondo total a que está sometido el ingenio colonial que ustedes tienen allá, que lástima que esto no se haya podido rescatar.
Buenísimo artículo, Julio... me encanta el tono y el ambiente que creas para contarnos una historia de primera importancia... mis felicidades...