Por: RAFAEL E. CAAMAÑO C. | 12:18 PMMientras cantábamos y acompañado de una risotada dentro del hogar, sonó un follón que pareció un trueno. El enamorado impenitente me dijo con tristeza: “¡vàmonos!”; pasaron los días y con extrañeza notábamos que el profesor, no asistía a impartir clases como era de costumbre. Después de salir, visitamos el hogar del amigo y confidente y le encontré sentado. Leer más [+]



